“Este es el corazón de la misión de la Iglesia: no ejercer poder sobre los demás, sino comunicar la alegría de quienes han sido amados sin merecerlo”, dijo el Papa León XIV en la audiencia general del 1 de octubre de 2025. Ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro, instó a los fieles a no ocultar sus heridas, sino a dar testimonio, como Cristo resucitado, de “la paz de quienes han sufrido por amor y finalmente pueden decir que valió la pena”.
En su enseñanza, el pontífice peruano-estadounidense comentó las primeras palabras de Cristo al encontrarse con sus discípulos tras su resurrección: "¡La paz sea con ustedes!". Con estas mismas palabras, el Papa inició su primer discurso el 8 de mayo, lanzando un llamado al mundo por una "paz desarmada y desarmante".
León XIV enfatizó que la aparición de Cristo a sus discípulos, encerrados en una casa tras su muerte, no fue un "triunfo pomposo" ni una "venganza contra sus enemigos". Jesús, por el contrario, ofrece un "maravilloso testimonio de la capacidad del amor para resurgir tras una gran derrota y proseguir su camino incontenible".
"Jesús no se venga", insistió el Papa, sino que entra en la habitación cerrada de quienes están paralizados por el miedo, trayendo un regalo que nadie se habría atrevido a esperar: la paz. Así, muestra el camino a quienes, tras un "trauma causado por otros", reaccionan espontáneamente con "ira, con el deseo de hacer pagar a alguien".
"Su saludo es sencillo, casi cotidiano: '¡La paz esté con ustedes!'", señaló el Papa. Pero "va acompañado de un gesto tan hermoso que resulta casi inapropiado", enfatizó, cuando Jesús muestra a sus discípulos los estigmas en sus manos y costado.
Estas heridas recibidas en la cruz "no sirven para reprochar, sino para confirmar un amor más fuerte que cualquier infidelidad", afirmó León XIV. Jesús, añadió, se presenta "desnudo y desarmado" y da así testimonio de "la paz de quien ha sufrido por amor y puede finalmente afirmar que valió la pena".
“Instrumentos de reconciliación”
Por el contrario, señaló el Papa, "a menudo ocultamos nuestras heridas por orgullo o por miedo a parecer débiles". Las llagas de Cristo, ofrecidas como "garantía de perdón", muestran que "la resurrección no es la cancelación del pasado, sino su transfiguración en esperanza de misericordia".
Finalmente, León XIV recordó que Jesús envía entonces a sus discípulos —y, tras ellos, a todos los cristianos— con la misión de "ser instrumentos de reconciliación en el mundo".
"Este es el núcleo de la misión de la Iglesia: no ejercer poder sobre los demás, sino comunicar la alegría de quienes han sido amados sin merecerlo", aseguró.








