Durante el verano, el sacerdote francés Pierre Amar contaba a I.Media su percepción muy positiva de la estancia de León XIV en Castel Gandolfo: "Quien no descansa cansa a los demás. Descansar también significa dar un respiro a los compañeros… y algunos empleados bajo presión podrían ver -en la actitud del Papa- una buena lección de gestión que sugerir a sus jefes hiperconectados".
León XIV es el primer Papa que sabe utilizar personalmente Facebook y Whatsapp, pero también está apegado a un cierto derecho al descanso. El hermano del Papa, John Prevost, explicó a la NBC el 15 de agosto que estas estancias en Castel Gandolfo permitían al Papa alejarse de "las multitudes" y del "ajetreo diario". "Es realmente una oportunidad para relajarse, y no tiene que llevar su hábito papal todo el tiempo", dijo.
Si bien esta costumbre responde a una noción muy moderna de la "intimidad", no es totalmente nueva para los papas, apegados a respetar una forma de descanso semanal, siguiendo el ritmo de Dios que, según el relato del Génesis, descansaba el séptimo día. Para los papas, como el domingo era por definición un día laborable, el día "libre" era generalmente el martes. Se trata de una costumbre, no de una regla fija: por supuesto, las fiestas religiosas, las visitas de personalidades internacionales y otras circunstancias pueden alterar el horario del Papa.
Mientras que a Benedicto XVI le gustaba tomarse tiempo para la lectura y la reflexión teológica, el Papa Francisco no se tomaba realmente descansos. Desde su residencia en Santa Marta, aunque su agenda oficial estaba menos cargada los martes, mantuvo un intenso ritmo de reuniones y encuentros, siempre deseoso de "meter la mano" en las actividades vaticanas.
Juan Pablo II, un apóstol del tiempo libre
Por su parte, Juan Pablo II, deportista amante de la naturaleza, concedía gran importancia a esos escasos periodos de tiempo libre en su sobrecargada agenda. Su segundo secretario de 1997 a 2005, monseñor Mieczyslaw Mokrzycki -actual arzobispo latino de Lviv, en Ucrania- llegó a titular su libro sobre la vida privada del santo Papa polaco El martes era su día favorito.
"Don Mietek", que acompañó a Juan Pablo II durante un periodo marcado por la vejez y la enfermedad, cuenta que el martes era un precioso día de descanso, salpicado de lecturas y encuentros amistosos. También fue un momento especial para reencontrarse con sus amigos de Polonia.
El santuario de La Mentorella, regentado por los Padres de la Resurrección, fue un refugio habitual de Juan Pablo II para pasar discretos momentos de rejuvenecimiento. Aunque su diario oficial menciona una decena de visitas a este lugar, donde se alojaba regularmente como cardenal, un religioso confiesa que en realidad acudió allí más de treinta veces como Papa, a veces sin que su propio secretario fuera siquiera informado con antelación.
De la relajación física a la política
Al principio de su pontificado, estos momentos de tiempo libre también dieron a Juan Pablo II la oportunidad de hacer algo de deporte. El martes 17 de julio de 1984 lo dedicó a esquiar en el pueblo de Pinzolo, en la región italiana de Trentino-Alto Adigio, cerca de Austria. El Papa pasó la noche en un refugio. La víspera, los italianos se habían enterado con asombro y diversión de que el "joven" Papa, entonces de 64 años, había invitado a su excursión al mismísimo Presidente de la República, Sandro Pertini, de casi 88 años. Este socialista agnóstico compartía con el jefe de la Iglesia católica el amor por la montaña.
Asimismo, para León XIV, este tiempo fuera del Vaticano no ha estado totalmente exento de audiencias y reuniones importantes: el 16 de septiembre, recibió en Castel Gandolfo al jefe de la Iglesia Apostólica Armenia. Este encuentro fue relevante desde el punto de vista ecuménico, pero también tuvo cierta resonancia política, dadas las críticas dirigidas al Papa Francisco por su discreción durante las sucesivas guerras emprendidas por Azerbaiyán entre 2020 y 2023 para recuperar la posesión de la meseta de Nagorno-Karabaj y expulsar a la población armenia.
En este delicado contexto, el hecho de que la visita pudiera tener lugar en Castel Gandolfo y no en el Vaticano permitió sin duda a los dos jefes de la Iglesia reunirse en un ambiente distendido y fraternal, libre de cualquier presión institucional o diplomática.













