CUARESMA 2026
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Nos formamos para ofrecer buenos servicios, los profesionales se capacitan para trabajar, las embarazadas hacen cursos de preparación al parto… Pero aunque todos vamos a morir, ¿cuántos se preparan con tiempo y conscientemente para ello?Para los que quieran hacerlo, Mateo Bautista, autor del libro Duelo por la propia muerte, comparte algunas oraciones y “recursos personales para afrontar las muertes internas” de la vida.
En su opinión, la muerte “nos da una inteligencia particular, nos ubica en el transcurso de nuestros días y nos dice a la cara qué es lo que en verdad somos y nos cabe esperar”. Pero dejar el cuerpo duele. Por eso ofrece una oración para rezar en el proceso de perder la vida temporal para permanecer en la eterna.
Invocación al Espíritu Santo
Espíritu Santo,
amor del Padre y del Hijo,
dulce huésped del alma,
gozo que enjugas las lágrimas
y reconfortas en los duelos,
concédenos en tu infinita bondad
la caricia divina,
la fortaleza necesaria,
la templanza en el sufrimiento
la iluminación clarividente,
la sabiduría para proceder,
la animosa esperanza
y el genuino consuelo
de tu Espíritu en nuestro espíritu.
Amén.
Mateo Bautista
Mateo Bautista es un sacerdote de la orden de san Camilo nacido en España. Desde hace años, ejerce un fecundo ministerio en Latinoamérica, sobre todo en el ámbito de la salud y del duelo. Ha impulsado los grupos de ayuda mutua Resurrección y ha escrito numerosos libros.
En el dedicado al duelo sobre la propia muerte, intenta ayudar al lector a “entregar con consentimiento su existencia en su último suspiro”. Afirma que ese proceso “no se circunscribe a las vísperas del morir” e invita a recurrir a Jesús para acoger la plenitud que Él restituyó muriendo.
Orar y sanar, sanar y orar
Jesús,
que asumiste tus sufrimientos
con un buen trabajo de duelo,
otórgame
tu humildad para pedirte ayuda
y dejarme guiar con sinceridad;
tu franqueza
para desahogar mi aflicción
y escucharte también a Ti;
tu sabiduría
para aceptar la realidad tal cual es
y a mí tal como sufro;
tus lágrimas,
que son fortaleza,
para llorar limpiando mis penas;
tu discernimiento
para analizar todo de la vida
a la luz de tu verdad;
tu iluminación,
si no encuentro sentido a lo que pasa,
que no me quede yo sin sentido;
tu fortaleza
para cambiar de mí mismo
lo que sin duda debo modificar;
tu visión
para no vivir del pasado,
sino abierto al futuro;
tu amor,
tan sereno y libre,
para no vivir con inútiles apegos;
tu perdonar
para cicatrizar heridas
y de raíz sanar;
tu paz,
que la pena arrastró, para florecer
en la primavera de la vida;
tu resurrección,
primicia de toda resurrección,
para vivir yo como resucitado.











