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‘Raymond & Ray’: de hijos, perdón y funerales

Raymond & Ray apple tv
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José Ángel Barrueco - publicado el 21/09/25
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La película de Rodrigo García puede verse en Apple

La muerte de un familiar suele cambiarlo todo. El trato entre los que quedan. Los funerales que propician reencuentros deseados e indeseados. Relaciones que a partir de entonces se rompen y otras que se restablecen. Interminables disputas por las herencias. El destino de los objetos personales. El domicilio en el que vivió. Su espacio. Su lugar en el mundo. Incluso (y sobre todo) la perspectiva: no juzgamos igual a quienes están vivos que a quienes acaban de morir. En torno a algunos de estos asuntos gira una película algo infravalorada que rescatamos aquí: “Raymond & Ray”, que puede verse en Apple y que dirigió Rodrigo García, cineasta e hijo del prestigioso escritor Gabriel García Márquez, y que produjo Alfonso Cuarón con su especial tacto para apadrinar proyectos interesantes. 

García tuvo más éxito con su anterior filme: Familia, protagonizado por Daniel Giménez Cacho, que recomendamos en su momento. Raymond & Ray, cuyo reparto encabezan unos estupendos Ewan McGregor y Ethan Hawke, no obtuvo el éxito esperado y las críticas oscilaron entre la tibieza, el desprecio y el entusiasmo. Y sin embargo merece la pena darle una oportunidad, rescatarla. Si en Familia García optó por los paisajes mexicanos de Baja California, aquí elige las tierras norteamericanas de Virginia, esos lugares con los que estamos tan familiarizados gracias al cine y los personajes que se mueven por sus carreteras, sus desiertos y sus pueblos a veces espectrales. Raymond & Ray tiene algo de cuento, de relato de Richard Ford o de Tobias Wolff, en el que un par de tipos deben luchar contra los fantasmas del pasado y resolver situaciones incómodas. 

Sobre la ira y el perdón

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Estamos ante una comedia dramática que comienza con la visita de Raymond (Ewan McGregor) a Ray (Ethan Hawke), su hermanastro, para informarle de la muerte del padre de ambos: entre sus últimos deseos figura que sus hijos acudan al funeral, y todos sabemos que lo justo es cumplir las voluntades del finado incluso aunque no nos lleváramos bien con él. De hecho, los dos hombres detestaban a su padre y hacía años que no lo veían.

Raymond y Ray, de quienes más tarde sabremos el porqué de sus nombres idénticos, se embarcan en un trayecto por carretera en el que advertimos sus múltiples diferencias: el primero (McGregor) es un hombre tranquilo, un oficinista sin vicios ni adiciones que ha pasado por varios divorcios, y que viste como un hombre de la clase trabajadora; el segundo (Hawke) es un individuo solitario que se ha desintoxicado de las drogas y del alcohol y que dejó atrás su pasión por la música, en este caso la trompeta. Pronto descubren que, entre los deseos del padre, hay uno que resulta atípico y sorprendente: que los hijos caven su fosa. También les ha dejado cajas con pertenencias de cuando eran jóvenes. De esta manera (y junto a otras sorpresas) la huella y la presencia del padre se van acentuando a medida que avanza el metraje.

Los dos hermanastros lidian de forma diferente con la muerte. Raymond intenta aceptar lo que ha ocurrido y hacer las paces con el pasado: “El perdón es bueno”, dice, y siente una especie de liberación. Ray, en cambio, se mueve por la ira hacia alguien que no les comprendió y que siempre les puso obstáculos; y sin embargo notamos que, tras esa capa de furia y frustración, fluctúa cierto cariño por la figura de ese progenitor, Ben Harris. En cada encuentro con las personas que se relacionaron con Harris (abogados, esposas, enfermeras, etcétera), descubren que Harris fue un tipo seductor, admirado y con don de gentes. Nada que ver con su recuerdo de él. Por eso Ray comenta: “Nunca lo conocimos de verdad, ¿no?”. 

Entre esas personas hay una que gustará a los espectadores católicos: se trata del reverendo West (Vondie Curtis-Hall). El actor le confiere toques de humanidad y de simpatía a su personaje: nada que ver con esos sacerdotes rígidos y hostiles que vemos en tantas películas. West les explica que su padre hablaba bien de ellos, que fue conociendo diversas religiones hasta interesarse por el catolicismo, y por esa razón el reverendo es el encargado de oficiar el funeral: “Todos pertenecemos a algo más grande que nosotros”, sentencia. 

Raymond & Ray, en la que también interviene la fabulosa Maribel Verdú, es una de esas películas sobre cómo un viaje y una pérdida cambian la vida (o al menos cierta perspectiva de la vida) de unos pocos personajes.   

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