Un viaje sonoro único a través del tiempo. A principios de septiembre, un órgano del siglo XI transportado por los cruzados a Tierra Santa volvió a sonar en Jerusalén tras una extensa restauración. "No se trata de una reconstrucción ni de una hipótesis, sino del sonido original: la misma vibración que los cruzados oyeron en la Basílica de la Natividad", declaró David Catalunya, investigador español que trabajó en el órgano durante más de cinco años.
Conservado en el Convento del Santísimo Salvador en la Ciudad Vieja de Jerusalén, este instrumento es un verdadero "milagro" para el investigador. "La esperanza de los cruzados que los enterraron era que llegara el día en que volvieran a resonar", señaló Koos van de Linde, uno de los principales organistas del mundo, quien también fue consultado. "No fue en vano, y fue un gran honor presenciar y participar en su resurrección".
El órgano, rey de los instrumentos
Estos expertos destacan la tecnicidad del objeto (18 tubos producen una nota) y su buena conservación, así como su antigüedad, pues es prácticamente contemporáneo al desarrollo de este tipo de instrumento. La mayoría de los órganos antiguos conservados, más monumentales, datan del siglo XV.
Más allá de su significado histórico, este órgano encarna la esencia misma del conocido como el "rey de los instrumentos". Cada nota, cada vibración, transporta al oyente a un espacio sagrado y atemporal, donde el virtuosismo mecánico se funde con una poesía sonora inigualable. Escuchar este instrumento es percibir la profundidad de los siglos, sentir la mano de los artesanos de antaño y experimentar la fuerza emocional única que solo la majestuosidad del órgano puede ofrecer. Un verdadero viaje sonoro que nos recuerda que, a veces, la música por sí sola puede conectar el pasado con el presente.










