En una audiencia colectiva con diferentes órdenes religiosas, el Papa León XIV habló sobre el vínculo que hay entre la obediencia y el verdadero amor
"La obediencia es una escuela de libertad en el amor", explicó el Papa León XIV el 18 de septiembre de 2025, al recibir a los participantes de los capítulos generales y asambleas de cuatro congregaciones: los Misioneros de la Preciosísima Sangre, los Maristas, los Frailes Franciscanos de la Inmaculada y las Ursulinas de María Inmaculada. El pontífice ofreció una reflexión marcada por la tradición agustiniana de la que proviene.
Ante la audiencia colectiva de estos religiosos, León XIV retomó el vínculo "en la vida cristiana, entre la obediencia y el verdadero amor". Retomando la imagen de la obediencia, desarrollada en un sermón de san Agustín, como "hija" de la caridad, el Papa reconoció que "hoy en día, hablar de obediencia no está muy de moda: se considera una renuncia a la propia libertad".
Pero, por el contrario, destacó que "la obediencia, en su sentido más profundo de escucha concreta y generosa del otro, es un gran acto de amor con el que se acepta morir a sí mismo para que el hermano pueda crecer y vivir".
Este don "puede ayudar enormemente al mundo en que vivimos a redescubrir el valor del sacrificio", insistió León XIV. También señaló que la obediencia es expresión de "la capacidad de relaciones duraderas y una madurez en la convivencia, que trasciende la sensación del momento para cimentarse en la fidelidad".
El que fue prior general de los Agustinos entre 2001 y 2013 subrayó la importancia de los capítulos generales que se están desarrollando actualmente en estas congregaciones, invitándolas a vivir "un trabajo de escucha y discernimiento".
Recordó la centralidad de la vida en común e invitó a estos religiosos a prestar atención a los signos de los tiempos. Citando al Papa Francisco, instó a los miembros de estas congregaciones a servir "aquí y ahora" en lugar de "hacer arqueología o cultivar nostalgias inútiles".
"Sé cuánto bien hacéis cada día en muchas partes del mundo, un bien a menudo desconocido a los ojos de los hombres, pero no a los de Dios", aseguró el Papa al concluir su discurso.