San Juan Macías, dominico español que vivió gran parte de su vida en Perú, es un claro ejemplo de cómo la santidad puede florecer en lo pequeño y lo cotidiano. Ingresó al convento de los dominicos en Lima, donde no ocupó puestos de gran visibilidad ni prestigio, sino que sirvió humildemente como portero durante más de 20 años.
Desde esa posición, aparentemente simple, vivió una profunda vida de caridad, oración y entrega total a Dios y al prójimo. El trabajo de portero consistía en abrir la puerta, recibir visitas, atender a los pobres y gestionar pequeñas ayudas.









