"En la cruz, Jesús no muere en silencio. No se apaga lentamente, como una luz que se apaga, sino que deja la vida con un grito", explicó León XIV durante su audiencia generalCUARESMA 2026
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Ayudo a sembrar esperanza
El grito de Jesús en la cruz "lo resume todo: dolor, abandono, fe, ofrenda. No es solo la voz de un cuerpo que se entrega, sino el signo supremo de una vida que se entrega", explicó León XIV durante la audiencia general del 10 de septiembre de 2025, celebrada en la Plaza de San Pedro ante una gran multitud a pesar de la lluvia. "Gracias por su presencia, es un hermoso testimonio", dijo espontáneamente el Papa tras su tradicional paseo en el papamóvil.
Desde la plaza frente a la Basílica de San Pedro, donde aún se conservan los retratos de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, canonizados el domingo pasado, el Papa continuó su ciclo de catequesis jubilar sobre el tema "Jesucristo, nuestra esperanza".
"En la cruz, Jesús no muere en silencio. No se apaga lentamente, como una luz que se apaga, sino que deja la vida con un grito", explicó León XIV, volviendo a la desgarradora pregunta de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".
"El Hijo, que siempre ha vivido en íntima comunión con el Padre, ahora experimenta el silencio, la ausencia, el abismo", explicó el Papa. Pero incluso en esta dramática situación, "no es una crisis de fe, sino la etapa final de un amor que se entrega hasta el final", afirmó.
Un grito que da fruto
Al describir la actitud del centurión romano que intentó saciar la sed de Jesús reconociéndolo espontáneamente como "Hijo de Dios", el Papa recordó que este soldado romano manifestó "la primera profesión de fe tras la muerte de Jesús". Esta actitud, muy inesperada en un hombre que iba a participar en la muerte de Jesús, es "el fruto de un grito que no se perdió en el viento, sino que conmovió el corazón".
En lugar de "considerar el grito como algo desordenado, que hay que reprimir", la actitud cristiana inspirada en el Evangelio debe conferir "a nuestro grito un valor inmenso, recordándonos que puede ser una invocación, una protesta, un deseo, un abandono". En la cruz, "Jesús no gritó contra el Padre, sino hacia"Él", dijo el jefe de la Iglesia Católica.
El grito "puede incluso ser la forma extrema de la oración, cuando ya no nos quedan palabras", señaló el Papa. Por otro lado, señaló que "en el camino de la vida, hay momentos en que guardarnos todo dentro puede consumirnos poco a poco".
Así, el llanto "no es solo el primer acto de nuestro nacimiento —cuando venimos al mundo llorando—, sino también una forma de seguir vivos", explicó. "Llorar es decir que estamos aquí, que no queremos morir en silencio, que aún tenemos algo que ofrecer", insistió el Papa, asegurando que "el llanto nunca es ignorado si se confía a Dios".
"Aprendamos a gritar con esperanza cuando llegue la hora de la prueba extrema. No para herir, sino para confiar. No para gritarle a alguien, sino para abrirle el corazón", pidió el pontífice.
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