La Iglesia tiene muchos agentes laicos que Dios ha llamado para un servicio concreto: cantores, lectores, ministros extraordinarios de la sagrada comunión, monitores...y eso que solo estamos mencionando a los que se dedican a la pastoral litúrgica. Sin embargo, el catequista tiene uno de los servicios más nobles y antiguos, y lo conocemos bien porque todos aprendimos las bases de la fe con uno de ellos.
El servicio de dar a conocer a Dios
El Directorio General para la Catequesis en el número 46 menciona que:
"La Iglesia 'existe para evangelizar', esto es, para 'llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad'".
Así, el catequista adquiere el compromiso de anunciar el Evangelio a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, aunque en lugares como América Latina quienes mayormente reciben catequesis son los niños y adolescentes, al momento de prepararse para recibir los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía.
El Directorio agrega que el anuncio, además de ser para todos, es el proceso de la evangelización:
"...hemos de concebir la evangelización como el proceso, por el que la Iglesia, movida por el Espíritu, anuncia y difunde el Evangelio en todo el mundo" (no. 48).
Dicho proceso implica:
"Testimonio cristiano, diálogo y presencia de la caridad, anuncio del Evangelio y llamada a la conversión, catecumenado e iniciación cristiana, formación de la comunidad cristiana, por medio de los sacramentos, con sus ministerios" (no. 47).
La misión del catequista
Dentro de este proceso evangelizador, encontramos al catequista, palabra que significa "el que hace eco de la Palabra de Dios", como menciona el Pbro. Antonio González Morales, licenciado en Catequética, y agrega que "todos debemos ser agentes activos en la evangelización".
Pero en concreto, al catequista le toca una misión muy importante porque en muchos casos es él quien se encarga de introducir en la fe a los pequeños cristianos.
Por eso, de acuerdo con el padre Antonio, el catequista debe ser una persona de oración, que reciba formación constante, que tenga contacto y que acompañe al otro en su encuentro con Cristo para llegar juntos a los sacramentos, porque se trata de "un acto comunitario", pues nadie se encuentra solo con Cristo.
Los primeros catequistas
Se trata, pues, de un servicio que se debe ejercer con sencillez, humildad, amor y ternura, estando atento a las necesidades de aquellos a los que sirve, porque se trata de iniciar a las personas en su fe. Y, sobre todo, siendo congruente con lo que enseña, dando testimonio con su propia vida.
Finalmente, cabe recordar que los primeros catequistas de un niño son papá y mamá. No pueden soslayar esa grave responsabilidad que adquirieron al bautizar a sus hijos, momento en el que se comprometieron con Cristo a educarlos en la fe. El Señor les dará la gracia necesaria para cumplir con su voluntad.










