"En la cruz, Jesús no aparece como un héroe victorioso, sino como un mendigo de amor", explicó el Papa León XIV durante la audiencia general del 3 de septiembre de 2025, celebrada en la Plaza de San Pedro ante miles de fieles, entre ellos numerosos niños, a quienes el Papa bendijo en un ambiente cálido. El Papa desarrolló una catequesis sobre la pasión de Cristo, deteniéndose en dos palabras del Evangelio de Juan: "Tengo sed" (19,28) y "Todo está cumplido" (19,30).
"La sed del Crucificado no es solo la necesidad fisiológica de un cuerpo herido", explicó León XIV, subrayando que estas palabras son ante todo "la expresión de un deseo profundo: el del amor, el de la relación, el de la comunión".
Vio en ello "el grito silencioso de un Dios que, habiendo querido compartir todo en nuestra condición humana, se deja atravesar también por esta sed", subrayando además que esta petición de Cristo muestra que "nadie puede salvarse solo", como ha repetido muchas veces el Papa Francisco.
"Es precisamente en ese momento, tras recibir una esponja empapada en vinagre de manos de desconocidos, que Jesús proclama: 'Todo está cumplido'", comentó León XIV, quien vio en esta declaración una manifestación de la "paradoja cristiana". Al aceptar dejarse hidratar en una situación de extrema humillación, "Dios salva no actuando, sino dejándose hacer. No venciendo el mal por la fuerza, sino aceptando hasta la médula la debilidad del amor", enfatizó.
Superar la tentación de la autosuficiencia
"En la cruz, Jesús nos enseña que el hombre no se realiza en el poder, sino en la apertura confiada a los demás, incluso cuando son hostiles y nos son hostiles", explicó el Papa, aunque reconoció que esta secuencia es difícil de entender "en una época que premia la autosuficiencia, la eficiencia y el rendimiento".
"No nos avergoncemos de tender la mano. Es precisamente ahí, en este humilde gesto, donde se esconde la salvación"
"Jesús nos salva mostrándonos que pedir no es indigno, sino liberador", subrayó León XIV, viendo en este planteamiento "la salida del ocultamiento del pecado, para volver al espacio de la comunión".
Así, la sed de Jesús en la cruz se hace eco del "grito de la humanidad herida que aún busca el agua viva", explicó León XIV, señalando que "esta sed no nos aleja de Dios", sino que, al contrario, "nos une a Él".
"En la sed de Cristo, podemos reconocer toda nuestra sed", insistió el Papa, subrayando que "no hay nada más humano, nada más divino, que saber decir: 'Necesito'", concluyó León XIV.













