Cuando rezamos el Padre nuestro decimos "hágase tu voluntad", pero seguramente lo rezamos sin convicción porque nos cuesta ser dóciles a los designios de Dios
Nos decimos cristianos practicantes, vamos a la Iglesia, nos esforzamos por no pecar y por cumplir los mandamientos, y eso está muy bien. Pero cuando llega el momento de la prueba, nos cuesta ser dóciles para aceptar la voluntad de Dios, a pesar de que lo pedimos en el Padre nuestro:
"Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt 6, 10).












