Santa Hildegarda de Bingen es una santa conocida por sus grandes aportes en la Iglesia en el tema de la música, herbolaria e incluso, describiendo lo que veía en sus visiones. A pesar de su gran conocimiento, se llamaba a sí misma indocta y paupercula forma feminea (una forma femenina pobre sin educación), porque nunca tuvo una educación formal.
Pero, a pesar de no haber asistido a una escuela convencional, tuvo una gran formación por su amiga, -y después-, abadesa Jutta von Sponheim. Para conocer más sobre el gran impacto que tuvo en Hildegarda, la investigadora Stefania Terzi, describe en su libro Hildegarda de Bingen: mística, Doctora y santa, la vida de Jutta.
Jutta era una joven devota
Joven noble, al igual que, santa Hildegarda, que desde joven sintió un gran interés por la vida religiosa. Ella, al ver que en su localidad no había monasterio con rama femenil, decidió vivir sola y recluida en el monasterio de Disibodenberg para dedicar su vida a la oración y meditación. Este lugar estaba bajo el cuidado de los monjes benedictinos, que cuidaban que la joven siguiera su camino de fe.
Hildegarda, que era seis años menor que ella, cuando ve la forma de vivir de su amiga, decide unirse. Jutta accedió y fue así como por los años de 1106-1112, vive bajo su tutela y dirección. Terzi lo describe así:
"Aprendió los conocimientos fundamentales para la vida en el monasterio, es decir, aquellos que le permitieron leer y entender latín, no sólo para recortar la liturgia de las horas y participar en la misa, sino para dedicarse a leer y meditar sobre los textos sagrados y los comentarios de los Padres de la Iglesia a los libros de la Biblia, así como a los autores profanos que se consideran antecesores del cristianismo.
"Sobre la formación de Hildegarda podemos obtener información importante de la Vida: «[...] Jutta, una mujer dedicada a Dios, la educó cuidadosamente, cuidando de conservar la humildad e inocencia. Le enseñó a cantar las canciones de David acompañándose con el salterio de diez cuerdas»".
En ese mismo tiempo, Hildegarda empezaba a padecer trastornos graves, que se asociaban a sus visiones y que hasta ese momento no hacía públicas. La santa confiaba tanto en Jutta que le confesó lo que vivía, y ella, al conocer sobre ello, contactó a un monje que podría guiarla y ayudarla.
Nace una rama femenil con los benedictinos
En el año 1112 la comunidad benedictina, al ver el ejemplo de Jutta, que era una mujer que no solo ejercía una gran influencia en Hildegarda, sino en la mayoría de las jóvenes que quería vivir una vida religiosa, decidió abrir una sección femenina bajo la dirección la dirección de la comunidad masculina. Permitiendo que hubiera monjas benedictinas. Todas las nuevas religiosas eligieron a Jutta como abadesa. En ese momento, Hildegarda también tenía cargos importantes, siendo maestra novicia y del coro.
Pasaron treinta y cuatro años en donde Jutta fue la abadesa del monasterio, hasta que en 1136 falleció. Siendo elegida por unanimidad a Hildegarda como nueva abadesa del monasterio.
Sin dudarlo, santa Hildegarda hoy es una de las Doctoras de la Iglesia gracias a la guía de Dios, así como de personas que puso en el camino como su amiga y maestra Jutta.










