Santa Clara de Asís aparece como una figura luminosa que nos recuerda la belleza de lo esencial, el valor del silencio y la dignidad profunda de cada persona. Su vida, enraizada en la espiritualidad franciscana, representa un humanismo profundamente cristiano, donde la relación con Dios no se aleja de la humanidad, sino que la dignifica y la transforma desde dentro.
Un humanismo que nace del amor
Santa Clara no fue una mujer retraída del mundo, sino todo lo contrario: desde el convento de san Damián, vivió una revolución silenciosa que continúa resonando hasta hoy. Su decisión radical de dejarlo todo para seguir a Cristo "pobre y crucificado" no fue una renuncia amarga, sino una elección de libertad.
En una época que le ofrecía privilegios por su noble cuna, Clara escogió vivir como hermana religiosa, pero también en igualdad, sin títulos ni jerarquías innecesarias. Ese gesto revela una profunda visión del ser humano: todos somos iguales ante Dios y llamados a la plenitud desde nuestra verdad más humilde.
La mirada contemplativa: una forma nueva de estar en el mundo
A través de sus cartas a Santa Inés de Praga, Clara enseña lo que podríamos llamar hoy un "estilo de vida contemplativo". Invita a "mirar cada día ese espejo que es Cristo", no para alejarse de la realidad, sino para aprender a mirarla con otros ojos.
Su vida fue una constante contemplación activa: una interioridad habitada por Dios que la hacía más libre, más fuerte, más humana. En tiempos donde la imagen domina y la superficialidad parece reinar, Clara nos devuelve a la mirada interior, donde florece la verdad del corazón.
Una espiritualidad para hoy
Fray Daniel Ramos, OFM, Vicepárroco de la Parroquia de la Santa Cruz de Tívoli, Italia, ha estudiado a profundidad los escritos de santa Clara, por lo que él mismo destaca:
"El humanismo que podemos extraer de la vida y santidad de Clara de Asís es un humanismo de amor y devoción profundo a la vida y su defensa. A su promoción y actitud de agradecimiento".
Vivir como Santa Clara o bien bajo la mirada Clariana, no significa retirarse del mundo, sino transformar el modo de habitarlo. Su humanismo nos recuerda que:
- La verdadera libertad nace de la confianza radical en Dios.
- La pobreza evangélica es un camino hacia la solidaridad y la fraternidad.
- El silencio y la oración son espacios donde el alma respira y se humaniza.
- La comunidad no es un lujo, sino un lugar donde aprendemos a amar como Cristo.

Estos puntos son clave para vivir el humanismo que santa Clara nos propone, de tal manera que su espiritualidad resalta el acompañamiento de Dios durante nuestra vida como guía a la gloria eterna. Su espiritualidad puede resumirse en sus propias palabras:
"Ve segura -le dice-, porque llevas buena escolta para el viaje. Ve -añade-, porque aquel que te creó te santificó; y, guardándote siempre, como la madre al hijo, te ha amado con amor tierno. Tú, Señor -prosigue-, seas bendito porque me creaste."[2]
Encomendemos a santa Clara para que de esta manera podamos sentirnos acompañados y amados por Dios todos los días. Ya que su estilo de vida sencillo, comunitario y contemplativo nos ofrece claves profundas para un estilo de vida alternativo, más humano, más pacífico, más luminoso.











