¿Alguna vez te has sorprendido charlando o discutiendo contigo mismo mentalmente mientras caminas, cocinas o rezas? Esa voz interna que duda, que cuestiona, que recuerda... no es una locura. Es el alma pidiendo escucha. No por nada san Agustín es conocido por su gran introspección y capacidad para escribir y transmitir sus pensamientos más profundos del alma.
El arte de conocer cómo estás internamente
En su libro Confesiones, san Agustín aborda todas las etapas de su alma, por lo que, más que un libro, fue un diálogo con su alma y Dios. Es como si san Agustín mostrase su alma al descubierto, describiendo cómo se sentía, pues reconoce sus errores, pasiones, vacíos y contradicciones.
"Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva…" - Confesiones
¿Por qué nos cuesta tanto hablarnos con verdad hoy?
Una de las dificultades más grandes en nuestro tiempo es dedicar tiempo en silencio para conocer cómo está nuestro corazón y cómo está nuestra relación con Dios.
Nos da miedo hacernos un chequeo espiritual y profundizar en nuestra alma. Nos da miedo callar para escuchar la voz de nuestra conciencia, que no es más que la voz de Dios tocando la puerta.
En cambio, hemos aprendido a callar la conciencia y prestar atención al ruido exterior.
San Agustín quiere invitarte a interiorizar por medio de la escritura reflexiva, o lo que hoy conocemos como Journaling, para preguntarte a ti mismo: "¿cómo estoy realmente?"
Decía san Agustín:
"No quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior habita la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mutable, trasciéndete a ti mismo"
La Verdadera Religión, 39, 72.
Tres prácticas para conversar contigo mismo
Te proponemos estas tres alternativas de san Agustín para tener un profundo diálogo interno.
1La “Confesión diaria” (escribir o pensar)
Un momento al final del día para responder con sinceridad a:
- ¿Qué me dolió hoy?
- ¿Qué me alegró?
- ¿Dónde sentí a Dios presente o ausente?
No se trata de culpabilizar, sino de observarse con compasión.
2La “pregunta que no puedo evitar”

San Agustín se hacía preguntas fundamentales:
¿Quién soy? ¿Qué amo cuando amo a Dios? ¿Por qué huyo de la verdad?
Proponte elegir una pregunta incómoda, pero necesaria, y dedicarle unos minutos diarios.
3“Escríbete como si fueras tu amigo”
San Agustín escribía como quien desea comprender y consolar a su propio corazón.
Escribe una carta a tu "yo" de hace un año o al de dentro de cinco años, como un acto de ternura interior.
No huyas de ti mismo
San Agustín decía: "Conócete, aceptate y superate". En un mundo que grita hacia fuera, san Agustín nos recuerda que la verdadera revolución empieza dentro. Atrévete a hablar contigo mismo. Y, como él, quizá descubras que no estabas solo: Dios ya te estaba escuchando desde dentro.












