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50 años de la película ‘Tiburón’

La película tiburón
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José Ángel Barrueco - publicado el 28/08/25
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Reestreno en cines, estreno de un documental y nueva edición de la novela

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En este verano se cumplen 50 años del estreno de Tiburón, la película de Steven Spielberg que hizo historia y que, gracias a su rompedor éxito, cambió varios modelos de enfoque en torno a la industria del cine. No vamos a entrar a enumerarlos porque el lector los habrá encontrado en estos días en reportajes y telediarios y redes sociales.

La manera más sencilla de unirse a la celebración es buscar el filme en la parrilla televisiva y revisarlo en familia, o verlo por primera vez. Otra opción es rebuscar entre nuestros viejos discos ópticos si queremos verlo con el doblaje antiguo en castellano, el de 1975, que era superior al doblaje que se le impuso en 2003 para su edición en DVD. Ésas son las opciones para el fan normal de Jaws, una película que suele gustar a todo el mundo y a la que es difícil encontrarle detractores.

El auténtico fanático de Tiburón, sin embargo, no se contentará con recuperarla en la tele. Como en esta semana se reestrena en cines, probablemente irá a verla otra vez porque en la pantalla grande las escenas de cualquier película siempre son más impactantes, sobre todo si incluyen efectos especiales, momentos espectaculares y situaciones de terror, como es el caso. 

El auténtico fanático, además de revisarla en alguna plataforma de streaming y luego ir a algún cine de su ciudad, también debería ver, si no lo ha hecho ya, el documental Jaws @ 50: The Definitive Inside Story (aka Tiburón 50 años: La historia definitiva desde dentro), un documental del cineasta francés Laurent Bouzereau, disponible en Disney y próximo a los 90 minutos de duración. Cuenta los pormenores del proyecto, el rodaje, el estreno y su impacto tanto en otros directores célebres como en los espectadores de los años 70. Y cuenta con las declaraciones, aparte de Steven Spielberg, de George Lucas, Cameron Crowe, J. J. Abrams, Steve Soderbergh, Emily Blunt, James Cameron, Guillermo del Toro o Robert Zemeckis, entre otros. 

Y sabemos que el auténtico fanático no se conformará con todo lo anterior, ni con escuchar de nuevo la mítica e inquietante banda sonora de John Williams en Spotify o en su viejo vinilo, si aún lo conserva: también se hará con la nueva edición de la novela de Peter Benchley que la inspiró, y que Planeta puso a la venta hacia principios de junio. En tapa dura, con nueva traducción de Javier Calvo, y con algunos jugosos extras (entre ellos, fotos de rodaje y apuntes manuscritos del autor). La novela, quizá por la nueva y mejorada traducción, es mucho mejor de lo que nos contaron antaño. Es un libro en la senda del mejor Stephen King, con ese mal que acecha la Isla de Amity y que desata lo peor de algunos seres humanos: la avaricia de un alcalde que se niega a perder dinero con el posible cierre de las playas y su alianza con algunos mafiosos, la infidelidad de la mujer del jefe Brody, las jugarretas de la prensa, etcétera. El lector encontrará algunas diferencias entre la novela y la película y abundantes similitudes entre ambas. Lo de “Necesitará un barco más grande” y el monólogo sobre el USS Indianapolis solo aparecen en el largometraje, entre otros añadidos y varias supresiones.  

Las inquietudes de un puñado de personajes 

La película tiburón
Tiburon-movie

No debemos olvidar que, además de una película rodada de manera efectiva y maestra, que combina terror, suspense, aventura marítima y cierto toque político, es una historia sobre los problemas de un puñado de seres humanos. Ahí Spielberg es uno de los mejores: ninguna secuela, por mucho que mejoren los efectos visuales o especiales o digitales, ha alcanzado el nivel del filme original. En parte porque el cineasta logra transmitirnos las inquietudes de los personajes: esas madres preocupadas porque sus hijos puedan estar en peligro, o que acaban de perder a uno de ellos entre las fauces del escualo; ese policía (el jefe Brody interpretado por Roy Scheider) que trata de mantener el orden y la decencia y proteger a los bañistas aunque eso suponga el castigo económico de la isla; ese biólogo marino (Richard Dreyfuss en la piel de Hooper) que está obsesionado con los tiburones y aporta la visión científica al asunto; ese viejo lobo de mar (Quint, a quien da vida Robert Shaw) que, como un Capitán Ahab moderno, quiere capturar al tiburón a cualquier precio.  

Tiburón alude, también, al miedo. A lo que significa verse amenazado por una criatura cuyos avances no podemos ver, salvo esa aleta dorsal que muestra en los ataques frontales. A lo que significa meterse en la inmensidad de esas aguas cuyo fondo no se discierne. A lo que supone vivir en una localidad por cuyas inmediaciones deambula una amenaza: un animal mucho más fuerte que el hombre.

Spielberg, y su reparto de actores formidables, lograron contagiar ese miedo a generaciones enteras. Ese miedo que nos embarga cuando pisamos una playa y nos adentramos en el mar pensando: “No va a ocurrir, aquí no hay tiburones y estoy muy cerca de la orilla. Pero, ¿y si ocurriera?”. La genialidad de Spielberg, como la de los citados King y Benchley, consiste en dejar flotando esos condicionales en nuestra memoria.   

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