Tanto san Francisco como santa Clara de Asís son conocidos como santos "seráficos", siendo a veces llamados el "seráfico Padre" y la "seráfico Madre" de la Orden Franciscana.
¿Qué significa "seráfico"?
La palabra "seráfico" hace referencia a los serafines, una clase especial de ángeles. Según la Enciclopedia Católica, "el nombre deriva a menudo del verbo hebreo saraph ('consumir con fuego'), y esta etimología es muy probable por su concordancia con Isaías 6, 6, donde se representa a uno de los serafines llevando fuego celestial desde el altar para purificar los labios del Profeta".
Profundo amor a Dios
La tradición afirma que fue un serafín el que entregó a San Francisco las llagas de Cristo en su cuerpo (comúnmente conocidas como los estigmas).
Así lo narran las "Florecillas de san Francisco":
"El día que precede a la fiesta de la Cruz de septiembre, hallándose san Francisco en oración recogido en su celda, se le apareció el ángel de Dios y le dijo de parte de Dios:
-- Vengo a confortarte y a avisarte que te prepares y dispongas con humildad y paciencia para recibir lo que Dios quiera hacer en ti.
Respondió San Francisco:
-- Estoy preparado para soportar pacientemente todo lo que mi Señor quiera de mí.
Dicho esto, el ángel desapareció".
Oraba Francisco a Dios pidiéndole experimentar el dolor de la Pasión de Jesús y el amor que sentía en ese momento por los pecadores. Supo que Dios se lo concedería, así es que se sentía animado por esa promesa.
Los estigmas
Fue entonces que tuvo otra aparición:
"Estando así inflamado en esta contemplación, aquella misma mañana vio bajar del cielo un serafín con seis alas de fuego resplandecientes. El serafín se acercó a san Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo [...]
[...] En esa aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:
-- ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que yo he hecho? Te he hecho el don de las llagas, que son las señales de mi pasión, para que tú seas mi portaestandarte".
El amor de santa Clara
Aunque no existe un milagro similar para santa Clara, ella compartió con san Francisco un profundo y apasionado amor a Dios, que es una característica de los serafines.
Teniendo esto en cuenta, muchos franciscanos siguen llamando "seráficos" a los santos Francisco y Clara, en honor al extraordinario ejemplo de santidad que dieron al mundo.












