"Procuremos no desaprovechar ninguna oportunidad para amar", instó el Papa León XIV durante la meditación del Ángelus el 10 de agosto de 2025, 19.º Domingo del Tiempo Ordinario. Ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro bajo un sol abrasador, el Papa comentó el pasaje del Evangelio de Lucas (12,32-48) en el que Jesús invita a sus discípulos a identificar el "tesoro" en el que deben invertir.
Al invitarnos a “no guardar para nosotros mismos los dones que Dios nos ha dado”, Jesús nos exhorta a “utilizarlos generosamente para el bien de los demás, especialmente de aquellos que más necesitan nuestra ayuda”.
No se trata solo de compartir los bienes materiales que poseemos, sino de poner en juego nuestras capacidades, nuestro tiempo, nuestro afecto, nuestra presencia, nuestra empatía. Sin esta dinámica de compartir, este "capital vivo y palpitante" que posee todo ser humano corre el riesgo de perderse, a merced de quienes se apropian de él como ladrones para convertirlo en un simple objeto de consumo, advirtió el Papa.
"El don de Dios que somos no está hecho para perderse así. Necesita espacio, libertad, relaciones para realizarse y expresarse: necesita amor, que es el único que transforma y ennoblece todos los aspectos de nuestra existencia", insistió el Papa.
Definió las obras de misericordia como "el banco más seguro y rentable donde podemos depositar el tesoro de nuestra existencia, porque allí, como enseña el Evangelio, con dos moneditas, hasta una viuda pobre se convierte en la persona más rica del mundo". Dijo que ve ejemplos de riqueza incomparable en la ternura de dos novios o en el amor de una madre por su hijo.
"De lo que se da, se recibe algo verdaderamente distinto, no oro ni plata, sino la vida eterna", explicó el Papa, citando un sermón de san Agustín, en el que el obispo de Hipona precisó que "la cosa dada será cambiada porque quien da será cambiado".
"En la familia, en la parroquia, en la escuela y en el trabajo, dondequiera que estemos, procuremos no desaprovechar ninguna oportunidad de amar", instó el Papa. "Esta es la vigilancia que Jesús nos pide: acostumbrarnos a estar atentos, dispuestos y sensibles unos a otros como Él lo está con nosotros en todo momento", pidió León XIV.
Haciendo eco de las palabras de Juan Pablo II en la JMJ de 2000, el Papa pidió a los fieles ser "centinelas de misericordia y de paz, como tan bien nos mostraron los jóvenes que vinieron a Roma para el Jubileo", se alegró, una semana después de celebrar la misa final de este encuentro ante un millón de jóvenes.









