Si conocemos la historia de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, sabemos que no solo fue un brillante teólogo y predicador incansable, sino también un hombre cuya vida estuvo profundamente marcada por la penitencia, la humildad y el amor a los pobres. Una de las imágenes más impactantes de su vida es verlo recorrer Europa descalzo, predicando el Evangelio.
Sus fortalezas eran verdaderamente notables: cruzaba largas distancias a pie, a menudo herido o exhausto, predicando a todo aquel que quisiera escucharlo en el camino.









