CUARESMA 2026
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Es admirable la capacidad de algunos de los mejores cómicos contemporáneos para reciclarse o reinventarse a sí mismos: y pensemos en Jim Carrey, Ben Stiller, Will Ferrell, Steve Carell o Adam Sandler. Han probado suerte en el drama, en el cine de vanguardia o alternativo o incluso en la dirección de series. En el caso que nos ocupa hoy, el de Sandler, en los últimos años (y con la salvedad de Diamantes en bruto) se ha especializado en películas rodadas para Netflix y para todos los públicos. Quizá sea por la influencia de la paternidad: sus hijas aparecen con él en algunos de estos filmes. Y la paternidad, y sus obligaciones y sus compromisos y sus sacrificios, es el eje alrededor del que gira, para sorpresa del espectador, Happy Gilmore 2 (olvidémonos del ridículo y absurdo título español: Terminagolf).
Y es una sorpresa porque el Happy Gilmore (Adam Sandler) del original, que data nada menos que de 1996, siendo uno de los primeros éxitos de su carrera, era un jugador de golf bastante cafre, con tendencias violentas y a veces descerebradas. Y el Happy Gilmore que regresa en 2025 es, en cambio, un hombre maduro, más manso y abatido, que cree estar acabado para hacer otra cosa que no sea beber alcohol y resistir los días. Porque, tras tener a cinco hijos (cuatro niños y una niña) con su mujer, Virginia (Julie Bowen), la perdió tras un accidente durante un partido de golf. Desde entonces Gilmore abandonó el deporte, se volvió alcohólico y empezó a trabajar en un supermercado. Es un hombre triste y sin esperanzas.
Pero los hijos crecen y tienen necesidades, sueños, expectativas: Vienna (Sunny Sandler, una de las hijas del actor), la más joven y la única chica, posee aptitudes de bailarina, pero su sueño de ir a una escuela de ballet en París para formarse cuesta muchísimo dinero. Es entonces cuando Gilmore despierta de su muerte en vida, acude a Alcohólicos Anónimos, empieza a recuperarse y admite que la única manera de conseguir la cantidad requerida y recuperar la dignidad que les debe a sus hijos consiste en regresar al golf, donde antaño tuvo un gran toque y muchos éxitos.
El compromiso de un padre

La redención que busca el protagonista, sus continuos esfuerzos por mejorar y sus sacrificios (porque él no quiere volver al golf ni tampoco dejar la bebida) para que su hija alcance su sueño, constituyen uno de los mayores aciertos de la película. Es un Sandler maduro, muy formal en su papel, pero todavía capaz de arrancar carcajadas a la audiencia. Ya lo han señalado algunos críticos: y es que esta secuela va de menos a más en cuanto a comedia; si bien al principio parece una comedia ligera y agridulce, en cuanto comienzan los torneos se suceden las escenas de enredo más salvaje. A ello ayudan mucho la cantidad de intérpretes que repiten sus personajes de la primera parte (por ejemplo Ben Stiller, Christopher McDonald o Dennis Dugan) y los numerosos cameos que aportan risas y sorpresas al conjunto (y no los vamos a citar para que así los espectadores se sorprendan o traten de identificar a los que se ocultan bajo pelucas y maquillajes).
Este regreso de Gilmore no solo implica que haga sacrificios y esfuerzos por sus hijos: también se nota que, en su camino hacia la redención, trata de mejorar como persona y ayudar a quienes se lo merecen. El largometraje abunda en ejemplos de esta clase: el apoyo hacia una de las chicas de AA (interpretada por otra de sus hijas en la vida real), el empleo temporal que le da a un camarero maltratado por su superior (a ese camarero lo encarna el cantante Bad Bunny), la oportunidad de hacer las paces con su antiguo rival del golf (eso sí, después de pelearse a puñetazos como en los filmes de John Wayne)…
Una secuela sobre las segundas oportunidades, sobre demostrarse a sí mismo que, aunque se haya pasado de los 50 años, aún puede destacar en lo suyo: un tema muy de moda en la actualidad, sobre todo por parte de actores ya experimentados, como nos demostró recientemente Brad Pitt en F1: La película. Happy Gilmore 2 es inofensiva para el espectador, pero dado que se trata de una comedia algo salvaje, incluye algunos gags sobre alcohol, erotismo, violencia y bromas juveniles. Es, ya, el debut más visto en la historia de Netflix.











