CUARESMA 2026
Este contenido es gratuito, como todos nuestros artículos.
Apóyanos con un donativo y permítenos seguir llegando a millones de lectores.
¿Has deseado unirte profundamente a Dios para siempre? Muchos santos han expresado ese anhelo de distintas maneras.
San Alfonso María de Ligorio, por ejemplo, rezaba oraciones con las que pedía poder “abrazar” a su Creador. Están incluidas en su libro Preparación para la muerte.
En una de ellas se confía a las promesas, expresadas en la Biblia, de una misericordia incondicional divina.
“Prometisteis abrazar…”
“Prometisteis la vida de la gracia a quien vuelva a vuestros brazos
-Convertíos y vivid (Ez., 18, 32).
Prometisteis abrazar al que a Vos acudiere
-Volveos a Mí y Yo me volveré a vosotros (Zac., 1, 3).
Dijisteis que no despreciaríais al que se arrepintiera y humillase (Sal. 50, 19).
Pues heme aquí, Señor; a Vos vuelvo y recurro;
confiésome merecedor de mil infiernos y me arrepiento de haberos ofendido.
Ofrezco firmemente no más ofenderos y amaros siempre.
No permitáis que sea en adelante ingrato a tanta bondad.
Padre Eterno, por los méritos de la obediencia de Jesucristo, que murió por obedeceros, haced que yo obedezca a vuestra voluntad hasta la muerte.
Os amo, Sumo Bien mío,
y por el amor que os tengo quiero obedeceros en todas las cosas.
Dadme la santa perseverancia;
dadme vuestro amor, y nada más os pido.
María, Madre mía, rogad por mí".
“Os abrazo y uno a mi corazón”
Este santo obispo, que fundó la congregación de los redentoristas, describió cómo se sentía ante la muerte, agradeciendo el tiempo que Dios le dio para cambiar y pidiendo perdón.
“No quiero, Dios mío, huir más de Vos -reza san Alfonso-. Bastantes veces me habéis buscado”.
Y vuelve a recurrir a la figura del abrazo, más allá del gesto físico, y a rogar el perdón y la salvación.
“Me entrego del todo a Vos, Jesús mío;
os abrazo y uno a mi corazón,
y desde ahora os encomiendo mi alma.
No quiero esperar para dárosla a que se le ordene salir de este mundo.
Ni quiero guardar mi súplica para cuando me llaméis.
¡Oh Jesús, sé mi Salvador!
¡Sálvame ahora, perdonándome y dándome la gracia de tu santo amor!”.
“Desde ahora mismo”
Este Doctor de la Iglesia, conocido por su confianza y cariño a la Virgen María, recopiló muchas anécdotas y frases sabias de santos para “estar preparados”.
Y rezó para disponerse a acoger la plenitud que Dios ofrece a los que le buscan, sin esperar a la hora de la muerte.
“No quiero, con todo, desconfiar de vuestra misericordia.
Me habéis guardado para perdonarme,
¿no querréis, pues, perdonarme si me arrepiento?...
Arrepiéntome, sí, ¡oh Bondad infinita!,
con todo mi corazón, de haberos despreciado.
“Diré, con Santa Catalina de Génova:
Jesús mío, no más pecados, no más pecados.
No quiero abusar de vuestra paciencia.
No quiero aguardar para abrazaros
a que el confesor me invite a ello en la hora de la muerte.
Desde ahora os abrazo, desde ahora os encomiendo mi alma.
Y como esta alma mía ha estado tantos años en el mundo sin amaros,
dadme luces y fuerzas para que os ame en todo el tiempo de vida que me reste.
No esperaré, no, para amaros, a que llegue la hora de mi muerte.
Desde ahora mismo os abrazo y estrecho contra mi corazón,
y prometo no abandonaros nunca...
¡Oh Virgen Santísima!, unidme a Jesucristo
y alcanzadme la gracia de que jamás le pierda”.












