Todos los seres humanos deben ser formados en valores y principios para aprender a convivir en sociedad. Pero lo más importante es enseñarles que han sido hechos a imagen y semejanza de Dios para conocerlo, amarlo y servirlo , y después, ser felices con Él en el cielo. Para ello deben aprender a ejercer la responsabilidad en su vida para llegar a ser santos.
Qué significa "responsabilidad"
Como valor y como principio, la responsabilidad es "la cualidad que tiene un individuo que cumple sus obligaciones o promesas y asume las consecuencias de sus actos, cuando los realiza de manera consciente e intencionada".
Esta cualidad ayuda a la persona a reconocer sus errores y aciertos, respondiendo ante la autoridad - civil, religiosa o familiar - y poniendo remedio a los resultados desfavorables.
La responsabilidad en la familia
Por supuesto, en el seno familiar es donde se aprende a responder por los actos cometidos. En este sentido, los padres de familia tienen un deber moral enorme, porque son ellos quienes deben enseñarla con su ejemplo a sus hijos.
El Papa Benedicto XVI dijo en el Ángelus del 30 de diciembre de 2012:
"Hoy, por lo tanto, es necesaria una oración especial por todas las familias del mundo. Imitando a la Sagrada Familia de Nazaret, los padres se han de preocupar seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin olvidar nunca que la fe es un don precioso que se debe alimentar en los hijos también con el ejemplo personal".
Ser responsables para aprender a ser santos
Al crecer, las personas toman las riendas de su vida y aprenden a ser responsables, sin embargo, muchos crecen en edad, pero no maduran. Aún esperan que sus padres les resuelvan la vida y eso puede ser un obstáculo para su santificación, ya que, al no tomar sus propias decisiones culpan a los demás de lo que les toca resolver a ellos.
Lo mismo ocurre con la fe. La vida espiritual se convierte en un acto responsable cuando se toma en serio. Quien desatiende su crecimiento espiritual estará impedido para reconocerse pecador, conduciendo su vida a la perdición. No basta ser "bueno" de manera simple. El que de verdad desea ser santo se enfrentará a las consecuencias de sus decisiones y, libremente, optará por Dios y su voluntad.
Es necesario que los cristianos entendamos lo que tenemos que debemos hacer para convertirnos en personas responsables cumpliendo nuestras promesas y compromisos con Dios, con la Iglesia y con nuestros prójimos, de este modo, estaremos aprendiendo a ser verdaderamente santos.










