"Dios nunca nos da la espalda cuando recurrimos a él", aseguró León XIV durante la meditación del Ángelus el 27 de julio de 2025, 17.º Domingo del Tiempo Ordinario. De regreso a Roma tras dos domingos consecutivos en Castel Gandolfo, el Papa habló desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, dirigiéndose a miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, entre ellos muchos participantes del Jubileo de la Juventud, que se inaugurará oficialmente este martes 29 de julio en Roma.
El Papa León XIV utilizó los términos del Catecismo de la Iglesia Católica para explicar que la relación con Dios Padre debe vivirse con sencillez, confianza filial y la certeza de ser amados. "A través del Padre Nuestro, nos revelamos a nosotros mismos al mismo tiempo que el Padre se revela a nosotros", explicó el Papa, citando aún el Catecismo.
Retomó las "imágenes evocadoras" que describe algunas imágenes de "la paternidad de Dios" en el Evangelio del día, tomado del texto de san Lucas (11, 1-13): "La de un hombre que se levanta en mitad de la noche para ayudar a un amigo a acoger a una visita inesperada; o la de un padre que se preocupa de dar buenos regalos a sus hijos".
"Estas imágenes nos recuerdan que Dios nunca nos da la espalda cuando recurrimos a él, incluso si llegamos tarde a llamar a su puerta, quizás después de errores, oportunidades perdidas, fracasos", explicó León XIV.
"El Señor siempre nos escucha cuando le rezamos", aseguró el obispo de Roma, precisando que "si a veces nos responde con tiempos y medios difíciles de entender, es porque actúa con una sabiduría y una providencia superiores a nuestro entendimiento".
El Papa señaló que celebrar la gracia de la filiación divina rezando el Padrenuestro debe también llevarnos a expresar el compromiso de corresponder a este don amándonos como hermanos. Citó a san Cipriano de Cartago (200-258), célebre Padre de la Iglesia, quien advirtió: "Debemos recordar, cuando llamamos a Dios Padre, que debemos comportarnos como hijos de Dios".
"No se puede rezar a Dios como 'Padre' y luego ser duro e insensible con los demás", insistió León XIV, invitando a todo cristiano a dar testimonio de este amor "con disponibilidad, discreción, atención recíproca, sin cálculos".










