CUARESMA 2026
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Entre los personajes más entrañables del Evangelio se encuentra Santa Isabel, madre de San Juan el Bautista y prima de la Virgen María. Su figura, aunque discreta, resplandece con una fe firme y una profunda confianza en las promesas de Dios.
Es una mujer de oración y rectitud, además vivió largos años en el silencio de la espera, soportando con paciencia y dignidad el dolor de la esterilidad, hasta que el milagro divino transformó su vida.
Su historia, entretejida con la del nacimiento del Mesías, es testimonio de cómo la fidelidad y la humildad abren paso a la gracia. En ella contemplamos virtudes que siguen hablando al corazón del creyente: fe inquebrantable, esperanza serena y una alegría que brota del encuentro con Dios.
Dios lo es todo
El nombre de Isabel, quiere decir: "Mi Dios es mi plenitud" o bien, "Dios lo es todo para mi". Así lo describió el padre José Román Flecha, quien además señala un bonito piropo que hace el Evangelio a ella y a su fiel esposo Zacarías:
"Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor". (Lc 1,6)
La gran confianza de Isabel, ante la infertilidad
Desde tiempos antiguos, la infertilidad era vista como una desgracia, pues cuando había hijos se consideraba una bendición de Dios, pero cuando los matrimonios no lograban concebir a un hijo, había tristeza, vergüenza y era visto como un sinónimo de maldición.
Sin embargo, muchos teólogos explican la realidad de las parejas que desde tiempos remotos se han enfrentado con dicha situación. Partiendo de este punto, podemos comprender que el único que puede dar la vida es Dios.
Sin embargo, Dios siempre estuvo presente en la vida de Ana y Zacarías, pues Él les concede concebir a un hijo aún en su edad avanzada.
Es ahí donde somos testigos de la gran confianza y esperanza que santa Isabel siempre tuvo hacia Dios. El Señor la hizo parte de sus planes.
"Le llegó a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratularon con ella". (Lc 1, 57-58)
La gratitud

Cuántas veces nos olvidamos de decir "gracias" una palabra fácil de decir y con un gran impacto en el cielo y en la tierra. Ser agradecidos con Dios y con el prójimo debería de ser la palabra que con frecuencia deberíamos decir con sentido.
En el caso de santa Isabel vemos cómo esta virtud brota constantemente, pues al igual que su esposo nunca dejaron de externar su gratitud. Incluso en el momento en el que su esposo Zacarías pierde su voz, aún así el ángel le comunica a su esposo que concebirá a un hijo y él le comparte la noticia a Isabel por medio de escritos.
Humildad y alegría, piezas clave
Esta mujer santa, se mostró siempre feliz ante los designios del Señor. Especialmente podemos darnos cuenta en el momento en que su prima María de Nazaret llegó a su casa tan pronto como le fue anunciado por el ángel que su prima Isabel concebiría un hijo a pesar de su edad.
Es tanta su alegría que se reconoce humilde, ante la visita de la madre del Salvador y de la misma manera san Juan Bautista brinca de alegría en el seno de su madre. Así es como debe ser nuestra alegría, contagiosa. Cada vez vemos más tristeza en el mundo que alegría.
Una sonrisa puede transmitir mucho más de lo que piensas y alegrarle el día a alguien que la esté pasando mal. De la misma manera, santa Isabel nos enseña a reconocernos humildes ante el Señor y tratar con bondad a los demás.












