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3 santos del verano, de los que tal vez nunca hayas escuchado

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Daniel Esparza - publicado el 22/07/25
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En verano se celebran fiestas de santos que vivieron vidas extraordinarias. Sus historias son inesperadas: algunas ocultas, otras extrañas, pero todas enraizadas en la gracia...

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El verano puede parecer la estación más tranquila de la Iglesia, un pequeño descanso entre la alegría pascual y las solemnidades otoñales. Pero a lo largo de julio y agosto se celebran fiestas de santos que vivieron vidas extraordinarias. Estas figuras menos conocidas ofrecen una visión sorprendente de cómo es la santidad, incluso cuando el sol calienta y el ritmo es lento.

He aquí tres santos del verano, cuyas historias podrían cambiar tu forma de entender la santidad:

1Santa Cristina la Asombrosa (24 de julio)

Nacida en la Bélgica del siglo XII, Cristina es quizá una de las santas más extrañas de la historia católica. Tras sufrir un ataque y parecer morir a los 21 años, sorprendió a los dolientes levitando desde su ataúd durante su propia Misa funeral.

Describió su paso por el cielo, el infierno y el purgatorio, y decidió volver a la tierra para hacer penitencia por las almas del purgatorio.

Según la hagiografía, sus actos penitenciales eran extremos. Se dice que se arrojaba a hornos ardientes, ríos helados o ruedas de molino. Prácticamente no vivía de nada, evitaba las comodidades y era venerada (y en cierto modo temida) por su comunidad.

Mientras algunos cuestionaban su estado mental, otros reconocían en ella un profundo valor místico. Santa Cristina nos recuerda que la santidad no siempre parece razonable, y que la Iglesia tiene sitio para santos que asombran.

2Beato Solanus Casey (30 de julio)

El beato Solanus nació en 1870, en Wisconsin. Tuvo dificultades académicas y a duras penas llegó al seminario, sirviendo finalmente como "simple portero" en el monasterio capuchino de Detroit. Sin embargo, este humilde portero se convirtió en una fuerza espiritual.

Gente de todas partes acudía a hablar con él, pues ofrecía consejos prácticos, bendiciones y oraciones, y era conocido por sus extraordinarias curaciones. Tocaba el violín (no muy bien), escribía poesía y vivía con alegre sencillez.

Su causa de canonización está en marcha, y es un patrón para quienes se sienten ignorados o poco cualificados.

3Santa Lidia de Tiatira (3 de agosto)

Mencionada brevemente en los Hechos de los Apóstoles, Lidia fue la primera conversa de Pablo de la que se tiene constancia en Europa. Vendedora de telas de púrpura -un comercio de lujo-, era probablemente una mujer con medios e influencia. Pero lo que la distingue es su franqueza: escuchaba, respondía y ofrecía hospitalidad a Pablo y sus compañeros.

En una época en la que las mujeres cristianas se ocultaban casi siempre en un segundo plano, Lidia es una rara muestra de la iniciativa femenina en la Iglesia primitiva. Su fiesta es especialmente significativa hoy, cuando la Iglesia sigue redescubriendo el papel vital de las mujeres laicas en la evangelización y la vida comunitaria.

Estos santos no son tan conocidos como Francisco o Teresa, pero quizá ese sea parte de su don. Salen a nuestro encuentro en los meses más tranquilos, cuando viajamos, bajamos el ritmo o buscamos renovarnos. Nos recuerdan que la santidad no es estacional, y que Dios llama a las personas -asombrosas u ordinarias- en todas las épocas del año.

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