CAMPAÑA DE NAVIDAD 2025
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La Iglesia no ofrece a los santos como superhéroes, sino como compañeros. Y en lo que se refiere a la adicción, algunos santos en particular nos muestran que el camino hacia la curación no solo es posible, sino que incluso puede ser terreno sagrado.
La adicción puede parecer una jaula sin llave, ya sea un antojo, una compulsión o un ciclo que se repite una y otra vez. La vergüenza, el aislamiento y la impotencia que conlleva no son solo psicológicos; pueden pesar mucho en el alma. Pero la santidad no consiste en no caer nunca. Se trata de lo que hacemos después.
1San Marcos Ji Tianxiang: el adicto que nunca se rindió
Un respetado médico chino del siglo XIX, Mark Ji Tianxiang, se hizo adicto al opio después de que se lo recetaran para una enfermedad. Durante años intentó liberarse. Rezó, se confesó, ayunó… pero nada parecía cambiar.
Al final, su sacerdote le negó la absolución, creyendo que no estaba realmente arrepentido. Durante 30 años, Mark no pudo recibir los sacramentos. Aun así, siguió yendo a misa. Siguió rezando.
Cuando estalló la Rebelión de los Bóxers, Mark fue arrestado por ser cristiano. Le ofrecieron la libertad si renunciaba a su fe, pero se negó. Fue ejecutado junto a su familia en 1900, y al final eligió a Cristo, incluso después de toda una vida de lucha.
La vida de Mark nos muestra que la adicción no anula la fe. Se puede ser débil y santo al mismo tiempo.
2Santa Mónica: La madre que nunca dejó de esperar
Solemos recordar a santa Mónica como la madre de san Agustín, el Doctor de la Iglesia cuya famosa conversión se produjo tras años de rebeldía. Pero lo que a menudo se pasa por alto es que la propia Mónica luchó contra un apego desordenado al alcohol. El propio Agustín lo cuenta en algunos pasajes de sus Confesiones.
De joven, empezó a beber a escondidas, una tendencia que podría haber ido a más. No lo hizo, gracias en parte a la reprimenda de una criada que la sacudió. Mónica no solo abandonó el hábito, sino que volvió todo su corazón hacia Dios.
Su vida posterior estuvo marcada por la oración profunda, el ayuno y la intercesión incansable por su hijo. Fueron necesarios 17 años de persistente esperanza antes de que Agustín se convirtiera en creyente.
Mónica nos enseña que la curación suele empezar por la honestidad, y que el cambio, aunque lento, siempre es posible.
3San Camilo de Lelis: El jugador que se convirtió en sanador
Camilo era alto, irascible y adicto al juego. Lo perdió todo: dinero, trabajo, dignidad, e incluso acabó sin hogar. Finalmente, una herida en la pierna le obligó a ingresar en un hospital donde los pobres eran tratados como cargas.
Ese hospital se convirtió en el lugar de su conversión. Cansado de malgastar su vida, Camilo se dedicó a cuidar a los enfermos y fundó una orden religiosa que los atendía con dulzura y respeto.
Aún luchaba contra su temperamento. Seguía cargando con sus heridas. Pero dejó que su dolor le impulsara a servir a los demás. Camilo demuestra que las partes de nosotros que desearíamos ocultar pueden convertirse en la forma en que Dios cura al mundo.
La adicción no te hace antipático. No te descalifica para la gracia. Estos santos -heridos, esperando y recorriendo el largo camino- nos muestran que Dios permanece cerca, incluso en el desorden. Especialmente en el desorden.











