La procrastinación espiritual suele instalarse de forma silenciosa. Comienza cuando dejamos para mañana la oración, la lectura de la Biblia, el compromiso con el servicio o aquellas decisiones que favorecen nuestro crecimiento en la fe.
Superar esta forma de procrastinación espiritual no es cuestión de voluntad solamente, sino de intención, hábitos y verdad. Dios no busca perfección, sino corazones disponibles. Y cuanto más lo conocemos, más natural se vuelve el deseo de estar con Él.
Superarla requiere intención y constancia. Aquí tienes algunas ideas prácticas y profundas que pueden ayudarte a vencerla y fortalecer tu vida espiritual.









