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San Agustín, fuente de inspiración para León XIV

Collage of engraving of St. Augustine with photo of Pope Leo XIV
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Cyprien Viet - publicado el 18/07/25 - actualizado el 14/08/25
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Desde el inicio de su pontificado, León XIV ha hecho numerosas referencias a san Agustín, obispo de Hipona. Este Padre de la Iglesia, marcado por la experiencia de una conversión radical a los 32 años, estructuró una teología cristiana orientada hacia la aceptación de la gracia divina

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"Soy hijo de san Agustín": estas palabras de León XIV, desde su primera aparición en la logia de la basílica de San Pedro la tarde de su elección, marcaron el tono de un pontificado “agustiniano”, al igual que el de Francisco fue "ignaciano". Robert Francis Prevost, que fue Prior General de la Orden de San Agustín de 2001 a 2013, forjó su vocación y su carrera en la estela de este Padre de la Iglesia que estructuró de forma duradera el pensamiento cristiano, insistiendo en la fe, la gracia divina y la conversión.

Desde el siglo XIX, la formación del clero ha tendido a centrarse en santo Tomás de Aquino, cuya concepción del vínculo entre fe y razón se inspira en la filosofía griega, en particular en Aristóteles. En el pensamiento tomista, la observación de la naturaleza y el conocimiento de la historia deben conducir a una ética virtuosa y a una demostración racional de la existencia de Dios.

San Agustín, que no era propiamente helenista, puso mayor énfasis en la experiencia de la Revelación y la conversión, desde la perspectiva de la unidad con lo divino. Marcado por las invasiones bárbaras y el hundimiento de las instituciones heredadas del Imperio romano, propuso una concepción de la historia que revela una lucha dramática entre la Ciudad de Dios y la ciudad terrena.

De Tomás a Agustín, una nueva inflexión teológica

El magisterio de los papas contemporáneos ha seguido generalmente el marco tomista, con la notable excepción de Benedicto XVI, que defendió una tesis sobre san Agustín cuando era un joven sacerdote en 1953. En numerosas ocasiones ha subrayado su afecto por este Padre de la Iglesia. "Cuando leo sus escritos, nunca tengo la impresión de que sean los de un hombre que murió hace 16 siglos. Encuentro a un hombre contemporáneo, a un amigo que me habla, que nos habla, con una fe fresca y perfectamente actual", dijo Benedicto XVI durante una catequesis en 2008.

León XIV podría sin duda hacerse eco de estas palabras del Papa alemán, tanto estructuró san Agustín su pensamiento y sus discursos. El 12 de mayo, durante su primer encuentro con el mundo de los medios de comunicación, el nuevo Papa confió que "no puede haber comunicación y periodismo fuera del tiempo y de la historia", retomando esta célebre cita de un discurso de san Agustín: "Vivamos bien, y los tiempos serán buenos. Nosotros somos los tiempos.

Los "tiempos" de este nuevo pontificado se abren, pues, con un tono agustiniano que aboga por la unidad. "La Iglesia está formada por todos aquellos que están en armonía con sus hermanos y que aman a su prójimo", dijo León XIV, citando un discurso de san Agustín en su Misa de investidura el 18 de mayo. El objetivo del nuevo Papa era promover "una Iglesia fundada en el amor y signo de unidad".

El 19 de mayo, en su discurso a los delegados de otras Iglesias y religiones que habían asistido a su Misa de instalación el día anterior, León XIV retomó el significado de su lema: In Illo uno unum, una expresión de san Agustín de Hipona que significa que "en el Uno -es decir, Cristo- somos uno".

El 21 de junio, en su discurso con motivo del Jubileo de los Líderes Políticos, el Papa reiteró la importancia de la libertad religiosa y del diálogo interreligioso, subrayando que "la creencia en Dios, con los valores positivos que de ella se derivan, es una inmensa fuente de bien y de verdad en la vida de las personas y de las comunidades". Se basó en la Ciudad de Dios de san Agustín, "una sociedad en la que la caridad es la ley fundamental" y para la que el hombre debe pasar del "amor egoísta a sí mismo, cerrado y destructor" al "amor gratuito, enraizado en Dios y que lleva al don de sí mismo".

Amar a la Iglesia

Dirigiéndose al clero de Roma el 12 de junio, León XIV se inspiró también en san Agustín para lanzar este vibrante llamamiento a los sacerdotes de la capital italiana:

"Amad a esta Iglesia, vivid en ella, formadla como acaba de apareceros (...). Rezad también por las ovejas dispersas, para que también ellas vuelvan, para que también ellas reconozcan y amen la verdad, para que no haya más que un solo rebaño y un solo pastor".

El actual Prior General de los agustinos, el padre Alejandro Moral Antón, subrayaba en una entrevista que tres palabras esenciales resumen la espiritualidad agustiniana: la búsqueda de la verdad, la práctica de la caridad y la unidad. Agustín también habló mucho de la interioridad, afirmando que Dios es "más íntimo que la intimidad de mí mismo". El hombre que tomó el relevo del padre Prevost en 2013 cree que "el Papa León XIV aporta con fuerza estas dimensiones espirituales, algo de lo que la Iglesia está muy necesitada hoy en día".

Esta teología agustiniana da también un lugar importante a las emociones: al dejar asomar algunas lágrimas, en particular cuando recibió el anillo del pescador durante su Misa de instalación el 18 de mayo, León XIV seguía en cierto modo los pasos de san Agustín, a veces apodado el "Doctor de las lágrimas". La dimensión de "la gracia de las lágrimas" está muy presente en sus escritos, que se refieren en particular a los de su madre, santa Mónica, que rezó intensa y dolorosamente por la conversión de su hijo.

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