Hay muchos santos escritores pero compositores conocidos no tantos (¿Santa Hildegarda de Bingen, san Gregorio Magno,…?). San Alfonso María de Ligorio es uno de ellos.
El fundador de los redentoristas componía sobre todo para evangelizar. Inevitablemente transmitía en sus obras su cálido amor a Dios.
¿Has escuchado su Cantata de la Pasión, con su Dueto entre Jesús y el alma? Presenta un diálogo con Jesús al salir hacia el Monte Calvario a morir en la cruz.
“Moriré por ti”
San Alfonso expresa su sensibilidad en la música y su fervor en la letra de esta obra que compuso para unos ejercicios espirituales que predicó el año 1760 en Nápoles:
– ¿A dónde vas, Jesús?
– Moriré por ti.
– ¿Dónde?
– Moriré por ti.
– ¿Por mí irás a la muerte, mi querido Señor? Yo también quiero ir contigo: contigo moriré.
– ¡Oh! Estar en paz y entender el amor con que te amo; y después de mi muerte, recuérdame.
– ¿A dónde vas, Jesús? Yo también quiero ir contigo.
– ¡Él es!
– Yo también quiero ir contigo.
– ¡Él es!
– Contigo moriré.
– Moriré por ti; y después de mi muerte recuérdame.
– Contigo moriré.
– Recuérdame.
– Yo también quiero ir contigo;
– Después de mi muerte (juntos) contigo voy a morir
Recuérdame (juntos)
- Descanse en paz y en prueba de tu amor sincero, da todo tu corazón y guárdame tu fe.
– Sí, mi Señor, mi bien, mi corazón te rindo; y todo lo que soy, ¡te doy todo, mi rey!
– Entrega todo tu corazón.
– Mi corazón te rindo.
– ¡Entrega!
– Guárdame tu fe (juntos)
– Soy todo, soy tuyo, ¡soy tuyo, mi Rey!
– ¡Guárdame tu fe! (juntos)
“Pequeñín”
San Alfonso María de Ligorio compuso varios cantos. Uno de los más conocidos hoy es el villancico “Tú desciendes de las estrellas”.
Bajas de las estrellas, oh Rey del Cielo,
y vienes a una gruta fría, helada.
Oh mi divino Niño, te veo aquí temblando.
Oh Dios bendito, ¡cuánto te costó haberme amado!
A ti, que eres el Creador del mundo,
te faltaron ropa y fuego, oh Señor mío.
Querido escogido, Pequeñín,
cómo esta tu pobreza más me enamora,
ya que el amor te hizo aún más pobre.
Dejas el seno divino de tu Padre para venir a padecer sobre un poco de heno.
Dulce amor de mi corazón, ¿dónde te llevó el amor?
O Jesús mío, ¡por qué tanto padecer por amor a mí!










