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Por qué acudir a cursos de orientación familiar

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Mar Dorrio - publicado el 12/07/25
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Hoy más que nunca las familias requieren mucha atención, por lo que acudir a cursos de orientación familiar puede redireccionar el rumbo familiar

Hay personas que han asistido a todos los cursillos de orientación para su familia que su ciudad ofrecía: Primeros pasos, Primeras letras, cursos matrimoniales, sobre adolescencia... Algunos resultaron más provechosos que otros, sin duda. Pero en todos ellos se llevaron algo valioso. A veces, una conversación importante con el cónyuge.

Otras veces, una especie de protocolo de actuación frente a las dificultades concretas que se planteaban en las clases. Y siempre, siempre, muchas risas: al recordar situaciones del curso, momentos vividos en familia o simplemente anotaciones simpáticas de alguna recomendación que se daba, ya fuera para seguirla al pie de la letra o para hacer, con buen humor, todo lo contrario.

Lo cierto es que la experiencia acumulada a través de estos cursos permite afirmar con contundencia que merecen mucho la pena. Siempre se saca algo, por pequeño que parezca.

Una dinámica prática

cursos en familia

Una dinámica habitual de estas sesiones consiste en comenzar con una charla o ponencia más o menos extensa sobre un tema concreto —la autoridad, la comunicación, los hábitos, la educación emocional, etc.— y, posteriormente, se presenta un caso práctico: una familia hipotética que atraviesa una situación difícil, relacionada con lo expuesto en la charla.

Al principio, esta segunda parte puede parecer prescindible. A algunos les da la sensación de que se pierde el tiempo escuchando más al participante más intenso de la sala que al propio moderador o al ponente. Sin embargo, esa impresión cambia radicalmente cuando el caso es presentado e interpretado por alguien con experiencia y sabiduría, como Fernando Alberca.

Quienes han tenido ocasión de verlo en acción recuerdan bien el impacto. En sus manos, la batuta se transforma en bastón de pastor, no para señalar lo que hay que hacer, sino para cercar con delicadeza el camino que lleva a la verdad. Una forma de conducir el análisis que ayuda a entender con claridad los conflictos familiares desde el sentido común y, sobre todo, desde la ilusión de poder vencer en las batallas cotidianas.

La providencia de Dios en las familias

En estos cursos, los ponentes suelen disponer de una pizarra, herramienta útil para ayudar a los participantes a distinguir entre hechos objetivos y sensaciones subjetivas, que muchas veces enturbian la percepción de la realidad. Cuando alguien comenzaba a juzgar la intención de uno de los personajes del caso práctico, el moderador intervenía con firmeza: "Volvamos a los hechos".

Y qué importante es ese ejercicio: ceñirse a los hechos, sin dejarse arrastrar por las interpretaciones o los pareceres. Porque, la providencia actúa en los hechos; en cambio, el demonio se cuela en las expectativas, en los miedos y en las impresiones infundadas.

Aplicar esto en la vida familiar supone un antes y un después: basta con ceñirse a los hechos para evitar al menos la mitad de los conflictos y para juzgar con justicia, no desde prejuicios ni desde rumores.

Por eso, la recomendación final es clara: no dejes de acudir a estos cursos de orientación familiar. Siempre aportan. Siempre suman. Siempre ayudan.

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