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El mayor obstáculo para tener paz es un corazón cerrado

JESUS KNOCKING
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Philip Kosloski - publicado el 10/07/25
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Cuando cerramos nuestro corazón a Dios y nos alejamos de Él, nos alejamos del calor de su amor y de la bondad que quiere darnos, siendo un obstáculo para la paz

Todos deseamos paz en nuestra alma, una paz que nos impida estar ansiosos por las muchas cosas que pasan en nuestras vidas. Aunque puede haber numerosas fuentes de inquietud en el alma de una persona, un obstáculo mayor es un corazón cerrado a Dios.

Esto se refiere a un corazón que no está abierto y receptivo a la voz de Dios.

Abre bien tu corazón

San Ambrosio escribió sobre este tema en una exposición del salmo 118 que figura en el Oficio de Lecturas. Comienza explicando lo importante que es tener un corazón abierto:

"Mi Padre y yo vendremos y haremos nuestro hogar con él. Deja que tu puerta esté abierta para recibirle, abre tu alma a él, ofrécele una bienvenida en tu mente, y entonces verás las riquezas de la sencillez, los tesoros de la paz, la alegría de la gracia. Abre de par en par la puerta de tu corazón, ponte ante el sol de la luz eterna que brilla sobre todo hombre. Esta luz verdadera brilla sobre todos, pero si alguien cierra su ventana se privará de la luz eterna. Si cierras la puerta de tu mente, dejas fuera a Cristo. Aunque Él puede entrar, no quiere hacerlo a la fuerza, ni obligarnos a admitirlo contra nuestra voluntad".

Es importante darse cuenta de que Dios no va a forzar su entrada en nuestras vidas. Espera pacientemente a que respondamos a su invitación.

No va a ser un tirano ni va a enviar un bombardeo militar a nuestro corazón. Por el contrario, va a esperar a que estemos abiertos para recibir su mensaje.

Quita cualquier obstáculo

El truco está en que un corazón abierto no equivale al número de rosarios que recemos al día. Requiere una disposición de apertura y receptividad.

Podríamos ir a Misa todos los días de nuestra vida y seguiríamos cerrados a Dios.

San Ambrosio nos exhorta a abrir de par en par las puertas de nuestro corazón:

"Nuestra alma tiene una puerta; tiene puertas. Levantad la cabeza, oh puertas, y alzaos, puertas eternas, y entrará el Rey de la gloria. Si abres las puertas de tu fe, el Rey de la gloria entrará en tu casa en la procesión triunfal en honor de su pasión. También la santidad tiene sus puertas. Leemos en la Escritura lo que dijo el Señor Jesús por medio de su profeta: Abridme las puertas de la santidad".

No es fácil abrirse a Dios, pues requiere confianza en su plan misericordioso para nosotros. Puede que no sepamos adónde nos llevará, pero tenemos que confiar en que será para nuestro bien.

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