Tras diez años de minuciosa restauración, la Sala de Constantino del Palacio Apostólico ha recuperado su esplendor original. Las obras realizadas en los frescos, encargadas por el Papa León X a Rafael (1483-1520) poco antes de la prematura muerte del maestro, han permitido redescubrir no solo el genio del artista, sino también la importancia de la sala para afirmar el poder papal. La agencia I.MEDIA revela los secretos de esta joya de los Museos Vaticanos
En el Vaticano, las obras de la Sala de Constantino han finalizado. Participaron 14 restauradores y fueron financiadas por mecenas, en particular la sucursal neoyorquina de los Mecenas de las Artes de los Museos Vaticanos. La obra fue necesaria debido al paso del tiempo, pero también a las restauraciones poco respetuosas realizadas principalmente en el siglo XIX.
Pero incluso antes de que los especialistas se pusieran manos a la obra, se había realizado un estudio previo de los frescos. Fabio Morresi, jefe del departamento de investigación científica de los Museos Vaticanos, explica que estudió "centímetro a centímetro toda la superficie" de los muros y la bóveda, más de 500 metros cuadrados.















