En el contexto del décimo aniversario de la encíclica Laudato si' del Papa Francisco, el 16 de junio de 2025 se presentó al Vaticano una primera evaluación del proyecto de sostenibilidad ambiental y energética para la Basílica de San Pedro, tres años después de su lanzamiento bajo la dirección del cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica papal. La calidad del aire en el interior de este edificio, frecuentado por más de 40 mil personas a diario, se monitorea rigurosamente mediante siete estaciones de medición.
La Fabrique de Saint-Pierre aspira a estar a la vanguardia de la innovación para afrontar la crisis climática y promover la transición hacia una ecología integral. Por ello, se realizó un estudio sobre su impacto ambiental en colaboración con ENEA (Agencia Nacional Italiana para las Nuevas Tecnologías, la Energía y el Desarrollo Económico Sostenible), la Universidad Politécnica de Milán y la Universidad Aldo Moro de Bari.
Se destacan, en particular, los considerables esfuerzos en la gestión energética, con obras realizadas sin alterar el patrimonio histórico y artístico. Se sustituyeron los antiguos sistemas de calefacción por bombas de calor, se instaló iluminación LED y se implementaron métodos para optimizar la ventilación natural. Una evaluación de todo el complejo, incluyendo el taller de mosaicos y el Palacio de la Canónica, donde se encuentran los Canónigos de San Pedro, mostró una reducción del 43 % en el consumo energético y del 62 % en las emisiones de CO₂.
Calidad del aire
También se han realizado importantes esfuerzos para abordar la calidad del aire interior, un tema especialmente delicado desde la pandemia de COVID-19. Esta crisis sanitaria ha puesto de relieve la necesidad de vigilar la calidad del aire para limitar el riesgo de transmisión de virus y bacterias, especialmente durante este Año Jubilar, que está experimentando un aumento en la afluencia de peregrinos.
Se instalaron siete estaciones de medición en la basílica para detectar en tiempo real partículas finas, compuestos orgánicos volátiles, dióxido de carbono, hidrocarburos aromáticos policíclicos (un tipo de contaminación que puede relacionarse, en particular, con la combustión de velas), así como parámetros microclimáticos. Los datos recopilados mostraron una buena calidad del aire gracias a los amplios espacios de la basílica y a la eficiente ventilación natural.










