Existen muchas maneras para ser generosos. Con nuestro dinero, con nuestro tiempo, atención, amor y apertura a Dios. La Biblia es muy rica en consejos sobre cómo ser generoso, dadivoso y no tacaño.
Generosidad con el dinero y los bienes materiales
Hay un proverbio que dice: "Quien da pronto, da dos veces". Nos anima a tener un corazón abierto a la necesidad del prójimo y a no aferrarnos a nuestro dinero, sino a ser generosos sin pensar demasiado ni sopesar nuestro regalo.
La generosidad económica puede ser un reto para muchos. A muchas personas les gusta aferrarse a sus finanzas (ni siquiera importa lo grandes que sean) y les resulta difícil dar algo de lo suyo. Al mismo tiempo, la avaricia, uno de los siete pecados cardinales, nos reta a considerar si estamos prestando demasiada atención al dinero y a los bienes materiales.
No solo eso, sino que corremos el peligro de cifrar nuestras esperanzas y nuestra sensación de seguridad en lo material, convirtiendo a Dios en algo secundario, porque no confiamos plenamente en Él.
Generosidad con el tiempo, la atención y el amor a nuestros semejantes
La generosidad no solo se mide por lo abiertos y generosos que somos con nuestro dinero, sino también por lo generosos que somos con nuestro tiempo, atención, amor y entrega a los demás. Estos son los gestos más preciados de nuestro amor por los demás, que ningún dinero puede comprar.
Cuando estamos dispuestos a dar generosamente nuestro tiempo a otras personas, ya sean nuestros hijos, padres, cónyuge, amigos, colegas, es más de lo que el dinero puede dar. Cuando escuchamos de verdad a alguien que lo necesita, cuando damos algo que no tiene precio -nuestro tiempo y nuestra atención sincera-, estamos renunciando a nuestra propia necesidad y a nuestro ego, pero también estamos ganando infinitamente.
Cuando lo dejamos todo y nos entregamos al prójimo en lugar de a una pantalla u otro capricho, hemos demostrado generosidad y un corazón abierto a nuestros semejantes.
Generosidad espiritual

El tercer aspecto de la generosidad se manifiesta en nuestra relación con Dios. Si somos conscientes de que todo lo que somos y tenemos es un don suyo, sabremos que nunca podremos agradecérselo lo suficiente. Por lo tanto, rezar con regularidad, leer la Biblia, hablar con Dios y asistir a la Santa Misa tan a menudo como sea posible no es nuestra generosidad en absoluto (aunque pueda parecerlo), sino una respuesta lógica al amor y al favor de Dios.
En este caso, nuestra generosidad consiste más bien en abrir nuestro corazón lo más posible a Dios, para que Él pueda entrar en él más plenamente y sin obstáculos.
También hay citas maravillosas en la Biblia que nos animan a ser generosos, ya sea material, temporal, emocional o espiritualmente.













