Cuando vamos a la confesión, debemos ser prudentes para no escuchar al penitente que está antes de nosotros, porque de hacerlo, debemos guardar el secreto
La confesión es un sacramento inmensamente sanador y, por lo tanto, muy delicado. El penitente se enfrenta con su realidad de pecador, haciendo un examen de conciencia sincero para desnudar su alma frente al sacerdote que, representando a Cristo, recibe a la oveja verdaderamente arrepentida con todo el amor con que el Señor lo hizo en su tiempo.












