Los primeros pasos de León XIV estuvieron marcados por varios momentos en los que dejó traslucir sus emociones. Fue una sensibilidad manifiesta que dio un tono particular al inicio de su pontificado, en consonancia con su linaje agustiniano
Las imágenes de la Misa de apertura del pontificado de León XIV dieron la vuelta al mundo, en particular la secuencia durante la cual recibió el anillo del pescador de la mano del cardenal Tagle, conocido también por su emotividad. Contemplando este anillo que representa su misión como sucesor de Pedro, que fue "pescador de hombres", el nuevo Papa, cuyos ojos se humedecieron de repente, pareció impactado por este símbolo que le vincula a dos milenios de historia.
Hombre de carácter reservado, racional y metódico -su lado "profesor de matemáticas", como comentó un obispo francés que le conoce bien y que recibió la misma formación científica-, el pontífice americano-peruano está, sin embargo, lejos de ser un hombre frío y desprovisto de sensibilidad. Cuando hizo su primera aparición en la logia de la basílica de San Pedro, el mundo vio el rostro del nuevo Papa, atenazado por algunas sonrisas nerviosas, como si contuviera las lágrimas ante el peso de la misión que le había correspondido y el vértigo muy real que podía sentir ante la plaza de San Pedro, llena de una multitud que gritaba su nombre: "¡Leone! ¡Leone!"













