Como el salmista que vierte gemidos y lamentos, ¿tienen también los hombres derecho a quejarse?
La angustia de algunos puede conducir a resultados dramáticos. ¿Quién no ha experimentado alguno a su alrededor? Llorar de rabia y gritar la propia desesperación pueden ser soluciones, y la Biblia está llena de tales lamentaciones. Digamos, sin embargo, que solo se convierten en oración en la medida en que se dirigen a Dios.














