¿Pueden los amigos trabajar juntos? Un vínculo de confianza compartido puede convertirse en una palanca positiva en el corazón de la actividad profesional. Pero la transparencia radical no es posible ni deseable
Muchas aventuras empresariales comenzaron con una amistad. André y Édouard Michelin, hermanos visionarios, construyeron un imperio industrial sobre su inquebrantable solidaridad. Bill Hewlett y Dave Packard encarnaron un liderazgo basado en la confianza, la sencillez y una visión compartida. A la inversa, Steve Jobs y John Sculley, que empezaron siendo íntimos amigos, sufrieron una brutal ruptura que tuvo consecuencias trascendentales para Apple.
Estos ejemplos demuestran que la amistad en el trabajo puede ser una fortaleza, o una debilidad. ¿Debemos desconfiar de ellas o cultivarlas? ¿Se puede -y se debe- trabajar con amigos? La cuestión va más allá del pragmatismo: afecta a nuestra concepción del vínculo humano en la empresa y el mundo laboral: ¿un instrumento funcional o una relación significativa?













