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Vive con María este Triduo Pascual

Virgen de los Dolores de Pescara (Italia).

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Kathleen Hattrup - publicado el 18/04/25
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¿No habría rezado María: “Hijo mío, que sea tu Padre quien te dé la bendición desde el cielo. Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí su Voluntad”?

En su impresionante libro sobre La Pasión del Señor, Luis de la Palma imagina que Jesús se habría despedido de su Madre al final de la Última Cena.

Teniendo en cuenta el ánimo y el consuelo que se habrían dado mutuamente y lo que Jesús podría haberle dicho a ésta, su discípula más querida, de la Palma añade:

"¡Oh, qué serenas fueron las lágrimas que entonces corrieron por el rostro de la Santísima Virgen! ¡Qué grande el dolor que le atravesó el corazón, y, sin embargo, qué constante y decidida estuvo a obedecer y conformarse con lo que Dios disponía! ¡Qué ardiente caridad la de ofrecer a su Hijo, a quien tan tiernamente amaba, para gloria de Dios y salvación de los hombres!

Que tu Padre te conceda, Hijo mío", habría respondido la Virgen, "su bendición desde el cielo", y luego añadiría: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su voluntad".

Nuestro Señor lloraría también…"

Mientras vivimos plenamente el Triduo, podemos encontrar a Nuestra Señora en estos momentos de profundo silencio y profunda entrega, y tratar de acompañarla lo mejor posible.

María, mujer de la escucha

Aquí dejamos una oración del Papa Francisco a María, mujer de la escucha:

"María, mujer de la escucha, haz que se abran nuestros oídos; que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las miles de palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, a cada persona que encontramos, especialmente a quien es pobre, necesitado, tiene dificultades.

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús sin vacilaciones; danos la valentía de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan «deprisa» hacia los demás, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, la luz del Evangelio al mundo. Amén".

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