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Encontrar alegría en Cuaresma más allá de las diversiones 

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Guillermo Dellamary - publicado el 05/04/25
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La Cuaresma es un periodo de preparación hacia la Pascua de la Resurrección, por lo que debemos vivir la espera con alegría y reflexión

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Vivimos en un mundo que nos vende felicidad a través de entretenimiento, distracciones y compras rápidas. Pero, a pesar de tanto estímulo, ¿por qué persiste esa sensación de vacío que ni el último video viral logra llenar? La Cuaresma, con su llamado a la reflexión y al despojo, puede parecer un contrasentido en esta carrera por el entretenimiento. Sin embargo, San Felipe Neri, el santo de la alegría, nos recuerda que la verdadera felicidad no se compra ni se consume: brota del alma que se encuentra en una genuina paz interior.

La alegría según San Felipe Neri

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San Felipe Neri, conocido como el "santo de la alegría", entendió algo que la psicología moderna confirma: la felicidad auténtica no depende de lo que poseemos, sino de lo que somos. No nace de la gratificación instantánea, sino de la conexión con un propósito más grande, que es la entrega a los demás. 

En un mundo que nos invita a buscar atajos emocionales —como las ráfagas de dopamina de las redes sociales o las compras impulsivas—, él nos enseña que la alegría perdurable es como un río subterráneo: fluye en silencio, alimentada por la gratitud, el servicio y la intimidad con lo divino.

Renunciar a lo superficial

En esta Cuaresma, el desafío no está solo en renunciar a lo superficial, sino en redescubrir que cada "no" a las distracciones es un "sí" a algo más profundo. San Felipe Neri prefería reír con los niños, cantar en las plazas y abrazar a los marginados antes que enclaustrarse en rituales fríos. 

Su vida demuestra que la penitencia no es un rostro austero, sino un corazón ligero que elige soltar las penas para volar más alto.

Reflexión y propósito en el uso de la tecnología

¿Cómo imitar su ejemplo hoy? Comienza con una pregunta simple: ¿qué ocupa el centro de tu atención? Si las preocupaciones y el ruido del mundo ahogan tu paz, este tiempo es ideal para desintoxicar el espíritu. 

No se trata de abandonar la tecnología, sino de usarla con propósito: ¿y si cambias diez minutos de redes sociales por una oración espontánea o sustituyes un capítulo más de tu serie por una llamada a alguien que está solo? La alegría, como bien sabía San Felipe, crece cuando desplazamos la mirada puesta en nuestro ego y nos centramos más en los demás.

La gratitud como antídoto contra la tristeza

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La gratitud es otro antídoto contra la tristeza propia de nuestra época. Mientras el consumismo nos urge a desear más, la Cuaresma nos invita a admirar lo que ya tenemos. San Felipe encontraba a Dios en lo cotidiano: en la risa de un amigo, en el pan compartido, en el silencio de una iglesia al atardecer. 

Practicar la gratitud —ya sea escribiendo al final del día tres bendiciones o simplemente saboreando el aroma del café de la mañana— nos entrena para ver lo sagrado en lo sencillo.

La alegría como fuerza comunitaria

La alegría no es solo un acto íntimo; también es una fuerza comunitaria. San Felipe revolucionó Roma creando el Oratorio, espacios donde se mezclaban oración, música y conversaciones sinceras. 

En un mundo digitalmente conectado pero emocionalmente fragmentado, la Cuaresma es una oportunidad para tejer lazos reales: una cena sin pantallas, un paseo con un ser querido, un gesto de bondad con un desconocido. La alegría se contagia cuando salimos de la burbuja del individualismo y nos atrevemos a servir, a escuchar, a celebrar juntos.

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