Campaña de Cuaresma 2025
Este contenido es gratuito, como todos nuestros artículos.
Apóyanos con un donativo y permítenos seguir llegando a millones de lectores.
En el Evangelio del día de hoy reflexionamos sobre la dificultad de reconocer a Jesús, incluso cuando lo tenemos frente a nosotros. Aunque muchos lo conocían por su nombre y su origen, no comprendían su verdadero propósito. Esta lección continua enseñándonos hasta ahora que, Jesús no solo es una idea o una figura histórica, si no que es una persona con la que podemos tener una relación profunda.
El padre Giovanni nos invita a reflexionar:
¿Por qué nos cuesta reconocer a Jesús cuando lo tenemos frente a nosotros?
En este evangelio, Jesús no va públicamente a la fiesta de los Tabernáculos, pero sube en secreto. Allí, muchos se preguntan:
"¿No es este al que quieren matar? Y miren cómo habla con libertad y no le dicen nada."
Otros dudan de su origen:
"Sabemos de dónde es, pero cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene."
Jesús, al oírlos, les responde con claridad:
"Ustedes me conocen y saben de dónde vengo, pero no he venido por mi cuenta; el que me envió es verdadero, y ustedes no lo conocen."
Jesús está en medio de ellos, pero no lo reconocen
Muchos sabían su nombre, su familia, su pueblo… pero no conocían su verdadero origen: el Padre.
Y eso sigue pasando hoy.
Hay quienes han oído hablar de Jesús toda su vida, pero no lo conocen realmente.
¿Por qué no lo reconocemos?
Porque, como dice Jesús, no conocemos al que lo envió.
Cuando no hay relación con el Padre, no se puede comprender al Hijo.
Cuando vivimos con el corazón cerrado, la verdad de Dios nos incomoda.
Se deja encontrar, pero solo por quienes lo buscan con humildad.
¿Tú lo reconoces o también lo estás dejando pasar de largo?


