separateurCreated with Sketch.

Dar sin importarnos el precio debe ser nuestro objetivo

POMOC BEZDOMNEMU
whatsappfacebooktwitter-xemailnative
Philip Kosloski - publicado el 29/03/25
whatsappfacebooktwitter-xemailnative
A veces dudamos a la hora de dar, no queremos dar demasiado de nuestro dinero o posesiones, tememos hacer un sacrificio importante

Jesús dejó claro que debíamos dar generosamente a los pobres. No nos dio una cantidad exacta, ni nos dijo exactamente lo que debíamos dar a los necesitados. Lo principal es que demos.

Sin embargo, muchos de nosotros dudamos en ser generosos, a menudo aferrándonos demasiado a nuestras propias posesiones.

Es cierto que algunos de nosotros no tenemos mucho y ya damos todo lo que podemos soportar.

Al mismo tiempo, es probable que la mayoría de nosotros no demos lo suficiente, dando solo unos céntimos cuando tenemos millones de dólares ahorrados para un día lluvioso.

El dador alegre

Lo ideal es dar con alegría. Esto significa que no atesoramos nuestras riquezas para nosotros mismos, sino que damos generosamente a los pobres lo que podemos con alegría.

San Gregorio Nacianceno lo señala en una homilía que se ofrece en el Oficio de Lectura:

"Cuando realizamos un acto de bondad, debemos regocijarnos y no entristecernos. 
Si deshaces las ataduras y las correas, dice Isaías, es decir, si te deshaces de la avaricia y de calcular el costo, de la vacilación y la queja, ¿cuál será el resultado? ¡Algo grandioso y maravilloso! ¡Qué maravillosa recompensa habrá! 
Tu luz brillará como la aurora, y tu sanación se manifestará rápidamente. ¿Quién no aspiraría a la luz y la sanación?"

Es bueno dar, pero es mejor dar con un corazón alegre.

Esto no significa que dar sea fácil o que no duela, pero si confiamos en Dios y en su bondad, podemos experimentar una profunda paz cuando demos.

Dar al mismo Jesucristo

Sobre todo, debemos recordar que estamos dando a Jesucristo, como explica San Gregorio:

"El Señor de todo pide misericordia, no sacrificios, y la misericordia es mayor que miríadas de corderos cebados. Mostrémosle, pues, misericordia en las personas de los pobres y de los que hoy yacen en el suelo, para que cuando lleguemos a dejar este mundo nos reciban en moradas eternas, en Cristo nuestro Señor mismo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén".

Siempre que mostramos misericordia y damos a los necesitados, estamos mostrando misericordia y dando a Jesucristo.

Esta realidad debería ayudarnos a reconocer a Jesús en los pobres y a hacer todo lo que hacemos con espíritu de amor y compasión.

¿Te ha gustado leer este artículo? ¿Deseas leer más?

Recibe Aleteia cada día.