La relación entre padre e hija es clave para el desarrollo emocional femenino. Un vínculo positivo favorece una autoestima sólida, mientras que una relación dañada puede generar desconfianza e inseguridad en la vida adulta.
Cuando nace una niña, el vínculo con la madre ya existe. Es innegable y evidente tras los nueve meses de embarazo. Además, con la madre comparte sexo, parecido físico y psicológico. El padre, sin embargo, tendrá para empezar a construir el vínculo con estos dos obstáculos que superar.
El vínculo entre padre e hija constituye un auténtico desafío porque, según indican los psicólogos, el padre es el primer modelo del género masculino y la relación con él forjará en la niña su concepto de mujer y, a su vez, esto afectará la manera en que se relacionará con otros hombres a lo largo de su vida.
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