La moral social de la Iglesia no es un traje a la medida que se ajusta a cada persona; por el contrario, la moral social es una luz que guía el discernimiento en la verdad para optar por el bien no solo personal, sino también y principalmente, colectivo. Esta luz se ha hecho Palabra viva en Jesucristo, con un referente que articula toda la vida social: la caridad
Desde la visión evangélica, podemos reconocer la común obligación de evitar, denunciar y combatir todo mal; es decir, todo aquello que se opone al establecimiento del Reino de Dios entre nosotros. Queda claro que el anuncio del Evangelio no supone exclusivamente prestar oídos atentos, sino manos diligentes. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia –CDSI– instruye con suma claridad:
“El anuncio del Evangelio, en efecto, no es sólo para escucharlo, sino también para ponerlo en práctica (cf. Mt 7,24; Lc 6,46-47; Jn 14,21.23-24; St 1,22): la coherencia del comportamiento manifiesta la adhesión del creyente y no se circunscribe al ámbito estrictamente eclesial y espiritual, puesto que abarca al hombre en toda su vida y según todas sus responsabilidades”












