Una guía práctica sobre cómo hacer un examen de conciencia - ¡no sólo antes de confesarse!- y por qué merece la pena hacerlo
San Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de los Jesuitas, amonestó repetidamente a sus hijos espirituales para que no rezaran durante demasiado tiempo. Recomendaba un máximo de una hora de meditación al día para los escolásticos o seminaristas.
Los jesuitas nunca fueron monjes y estaban inmersos en la vida secular hasta las orejas. Sin embargo, Ignacio creía que había una oración que un jesuita -incluso el más ocupado- nunca podía descuidar. Se trata del examen de conciencia.














