En México, la Reforma al poder judicial fue aprobada y publicada en medio de desacatos y malas prácticas. La Doctrina Social de la Iglesia señala que los legisladores están obligados a crear leyes justas, pero no siempre sucede así. ¿Qué podemos y debemos hacer?
El Magisterio social de la Iglesia señala, en efecto, que “la autoridad debe emitir leyes justas, es decir, conformes a la dignidad de la persona humana y a los dictámenes de la recta razón” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia –CDSI–, n. 398). Desafortunadamente esto no siempre se cumple a cabalidad. De hecho, hay veces en que el entramado jurídico de un Estado está tan infectado con el virus de la corrupción que acaba protegiendo intereses particulares, alejándose así del supremo interés que debería prevalecer en todas las leyes: el bien común.
Una autoridad que desatiende su vocación de servicio público pierde legitimidad, sea esta de naturaleza ejecutiva, legislativa o judicial; sea del orden federal, estatal o municipal. ¿Qué hacer al respecto?












