"Dios da amor y quita el miedo", dice Mariusz Ferenczak en una entrevista con Aleteia. Su vida dio un vuelco a partir de su encuentro con Dios y ahora trabaja diariamente para ayudar a los demás
Mariusz había perdido el sentido de la vida, a pesar de tener una familia, una casa, dinero y una carrera maravillosos. En su corazón ardía un vacío que ni el alcohol ni las cosas materiales podían ahogar. Cuando descubrió que tenía cáncer de laringe, quiso suicidarse. Sin embargo, acudió a una reunión de la comunidad de Renovación carismática y se curó durante la oración de intercesión. Ahora acompaña a personas en crisis o adictas, dirige un negocio y los milagros siguen sucediendo en su vida diaria.
La vida de Mariusz iba de fiesta en fiesta. Drogas, alcohol, fiesta, mujeres y amigos: éstas eran sus prioridades. Recuerda que tenía que hacerse rico porque creía que era la única manera de forjarse una autoestima y un prestigio social. Tenía una hermosa familia: mujer, hijos, una casa junto al bosque, una carrera floreciente y pasiones, pero sentía un enorme vacío y miedo al futuro. Faltaba espacio para Dios porque había que ganar dinero.














