Estamos tan ocupados que no nos queda tiempo para rezar, decimos. Pero cuando el miedo llega, surge una oración a Dios desde el fondo de nuestra alma
Vivimos colmados de actividades, pero dentro de la inercia que nos arrastra, sentimos que nos va bien. El trabajo, las compras, el esparcimiento, atender el hogar y a los hijos, estudiar y hacer exámenes, nada cambia. Pero cuando algo rompe el ritmo, llega el miedo.
Una enfermedad inesperada, la pérdida del empleo, el fallecimiento de un ser querido, un accidente, cualquier situación que corte nuestra rutina termina con la tranquilidad y, de momento, nos invade el temor por lo que vendrá.












