Jesús, el Señor dio la vida por toda la humanidad y claramente dijo que hay en el cielo muchas habitaciones para nosotros, por eso oró por nuestra santificación
Jesús se hizo hombre como cualquiera de nosotros, seres humanos que habitamos el mundo, cumpliendo la voluntad de su Padre que nos ama tanto que no dudó en enviar a su propio Hijo, quien también nos ama y oró por nuestra santificación.
Lo vemos claramente en el Evangelio: siempre que alguien se acercaba a Jesús para pedir un milagro o exponer alguna inquietud, se encontró con un Dios que le abría los brazos para consolarlo. Nunca hubo un rechazo porque Cristo vino por todos. Y, conociendo la fragilidad humana, oró al Padre por cada uno.












