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3 hermanas que te pueden hacer perder el cielo

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DimaBerlin-Shutterstock

Mónica Muñoz - publicado el 30/11/23

Así como las virtudes nos ayudan a perfeccionarnos, los vicios y malos hábitos se juntan para llevarnos a la perdición si no los controlamos

Con frecuencia nos sentimos tristes, aburridos y desganados; todo nos da lo mismo y tal parece que nada de lo que pasa a nuestro alrededor nos importa. Las personas que tenemos cerca, de buena voluntad y por preocupación, nos dan «consultas» gratis y nos llenan de consejos para resolver nuestro problema.

Las enfermedades emocionales están a la orden del día, por eso surgen por doquier los «coaches» de vida que pretenden terminar con los males del mundo. Sin embargo, olvidan lo más importante: enfocarse en que el ser humano también se ve atacado por descuidar su parte espiritual.

Apatía, acedia y pereza: males del alma

En apariencia, la apatía, acedia y pereza son sinónimos, pero hay algunas diferencias entre estos vicios que terminan por orillarnos a «pecar de diversas maneras contra el amor de Dios», (CEC 2094). Por eso, podemos referirnos a ellas como «las «hermanas» que se confabulan para atacar al ser humano, quien debe estar alerta para no permitirles avanzar.

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1
Apatía

Si leemos el Catecismo de la Iglesia católica encontramos que «La indiferencia descuida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza» (CEC 2094). 

La persona que es atacada por la indiferencia sufre de inmovilidad espiritual para actuar a favor suyo o del prójimo, así como a entenderse de cualquier forma con Dios, porque simplemente, no le interesa.

2
Acedia

Menciona el catecismo de la Iglesia católica:

«Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es la acedia. Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. «El espíritu […] está pronto pero la carne es débil» (Mt 26, 41). Cuanto más alto es el punto desde el que alguien toma decisiones, tanto mayor es la dificultad. El desaliento, doloroso, es el reverso de la presunción. Quien es humilde no se extraña de su miseria; esta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia. (CEC 2733)

Estamos hablando, entonces, de la falta de fe y de la dificultad para hacer oración o de perseverar para evitar las tentaciones. Se tiende a creer que, como las fuerzas propias no alcanzan, entonces es imposible vencer o alcanzar un objetivo.

3
Pereza

Hablar de la pereza es referirnos a un pecado capital, llamado así porque genera otros pecados, de acuerdo con el catecismo de la Iglesia católica (CEC 1866). Incluso, acedia y pereza se tomaban como sinónimos: «La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino» (CEC 2094).

Revertir los daños para alcanzar el cielo

Estos males son más comunes de lo que podemos imaginar. ¿Cuánta gente se pierde en medio del activismo diario y deja para después el cuidado de su alma? Tal parece que el trabajo y las distracciones tienen prioridad. Llegan a casa y en lo único que pueden pensar es en descansar, comer y distraerse. Sí hay tiempo para orar, para leer un poco la Biblia o un libro sobre la vida de un santo, pero es prefieren revisar las notificaciones de las redes sociales o ver una película.

Al final, el daño espiritual va mermando la cercanía que la persona tiene con Dios y con su prójimo. Por eso, hay que combatir estos vicios con la práctica de las virtudes; especialmente la caridad, que conlleva interesarnos en cultivar nuestra relación con el Señor a través de la oración, sacramentos, lecturas piadosas, estudio y obras de misericordia.

Además, tener un guía espiritual que nos escuche puede ser de magnífica ayuda, porque podremos ponernos objetivos y revisarlos junto con él para medir nuestro avance espiritual. Reforzar nuestra voluntad y actuar con constancia nos ayudará a vencer y a alcanzar el Cielo.

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