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Salvadora De los Santos, la monja que inspiró el primer libro de texto gratuito en México

OTOMI

@culturacdmx-(CC BY 2.0)

Sandra Ferrer - publicado el 04/04/23

De origen indígena, Salvadora se convirtió en religiosa y dedicó su vida a la oración y a los demás. 

En el siglo XVIII vivió en Querétaro, entonces territorio de la Nueva España, una mujer que, como tantas, decidió abrazar la vida religiosa. Pero el suyo fue un caso en cierto modo excepcional.

Había nacido en Zacatecas el 23 de marzo de 1701, en el seno de una familia de indígenas otomíes y de fe católica. Su padre, Joseph Ramírez, “indio principal, de mucha razón, sin vicio alguno, y de buenas costumbres, originario del Real de Minas, llamado el Fresnillo” se casó con Doña Francisca Martínez, “india también noble, natural del Pueblo de San Juan del Río”, con quien llegó a tener diez hijos. 

Su infancia la pasó en la hacienda familiar donde Salvadora acostumbraba a ayudar a los suyos cuidando de las ovejas, tarea que entrañaba no pocos peligros, exponiéndose a las hostilidades del campo y de sus animales salvajes.

“Solía venir Salvadora a la hora de encerrar su grey, a su casa con el vestuario destrozado, y reconviniéndola de aquel destrozo la madre, le respondía que los coyotes rabiosos la habían embestido. […] Parece que no puede dudarse que allí obraba la mano de Dios, que con particular providencia asistía a Salvadora, para que no le ofendiesen los animales rabiosos, aún cuando le despedazaran el vestido. Ni por este peligro, que tocaba, dejó el oficio pastoril, antes bien hallada con él, se fabricó en el campo una pequeñita choza de palma silvestre muy pulida, donde se retiraba los ratos en que no necesitaba de su vista su ganado”.

Fascinación por la vida religiosa

En aquellos días, se elaboró “para sí un hábito, que imitara el de alguna Religión; porque saboreada con la dulzura de la vida espiritual, deseaba un retiro en que imitar a los religiosos o anacoretas. […] La que aunque continuaba su vida innocua trabajando siempre con las manos, y con la lengua alabando a Dios, cuyo ejercicio era cantar Oraciones, sin perder de vista su rebaño, ni apartar su espíritu del Cielo, para tener aquí fácil recurso deseó notablemente saber leer”. Salvadora aprendió a leer de manera autodidacta para acercarse a las historias de Santos y a distintas obras religiosas. 

“Temía, y amaba a Dios a quien tenía presente en todo tiempo, y por agradarle se privó de las conveniencias que pudiera lograr en su esfera. Despreció al mundo, vivió pobre, hacía guerra a su carne, reprimía sus apetitos, frecuentaba la oración”.

En ella pronto creció la necesidad de encontrar respuestas a sus preguntas en la oración y las respuestas las encontró en unas mujeres a las que observó con admiración y se quiso unir a ellas. “Como en lienzo aparejado para la pintura, comenzó el Espíritu Santo a tirar en él sus líneas, y Salvadora, propensa como por natural inclinación a la virtud, se aplicó a aprender las Oraciones, y Doctrina Cristiana, deseosa de conformarse en todo a nuestra santa Ley”.

Se hacía querer

En 1736, Salvadora de los Santos se convertía en una de las primeras mujeres indígenas en abrazar la vida religiosa en Nueva España. “El día primero de Pascua, 25 de diciembre año de 1736, comenzó Salvadora a seguir vida de obediencia, y luego que se vio en el domicilio Carmelitano, lo primero que hizo fue ofrecerse con todo afecto a Dios, proponiendo firmemente en su corazón seguir hasta la muerte aquel tenor de vida.”

Como religiosa carmelita, la hermana Salvadora se volcó en las rutinas de la comunidad y también trabajó intensamente para mejorar las condiciones de vida de aquellos que vivían cerca de ellas. La hermana Salvadora acostumbraba a salir del convento a pedir limosna, a cuidar a enfermos y ayudar a todo aquel que lo necesitara.

Una mujer que pronto se hizo querer por quienes la conocieron. “Madrugaba para asear la vivienda, conducir en sus hombros el agua que se había menester: corría todas las diligencias que en casa se ofrecían, y se hizo cargo de buscar limosna por la ciudad para la manutención de sus compañeras: ejercicio, que continuó sin intermisión, hasta que la rindió al lecho la maligna fiebre que le quitó la vida”. 

Tal fue su fama de santidad que, al morir, un religioso decidió poner por escrito su trayectoria vital para que no se perdiera con el paso del tiempo. El autor fue el Padre Paredes y su obra llevaba como título Carta edificante, en que el Padre Antonio de Paredes de la extinguida Compañía de Jesús refiere la vida ejemplar de la hermana Salvadora de los Santos, india Otomí

Libro para aprender a leer

Esta obra, tenía como objetivo “recomendable de proveer las Escuelas donde nuestros hijos son educados de una especie de Cartilla, en que enseñándose a leer, aprendan al mismo tiempo a imitar las virtudes cristianas con el dulce, poderoso y natural atractivo de verlas practicadas por una persona de su misma calidad”.

La excepcionalidad de este librito no fue solamente que recogía la biografía de una mujer ejemplar. Editado en varias ocasiones, se distribuyó de manera gratuita por distintas escuelas, convirtiéndose en el primer libro de texto gratuito de México

“Veinte y seis años habitó en compañía de las Beatas, y hasta que cayó en la cama para morir, no alteró un punto su tarea sirviendo a las Hermanas el último día que se mantuvo en pie, con el mismo amor, esmero, y puntualidad que el primero, en que se agregó al Beaterio. Todo este tiempo estuvo esta santa India atesorando méritos para la eternidad, sin perder punto de perfección, que con la divina gracia pudiese alcanzar. […] Ni se contenía en el recinto del claustro su caritativa compasión. Se extendía también a los de fuera: donde si encontraba algún menesteroso, le socorría dándole de lo que llevaba, y tal vez volvía a casa sin túnica, porque se había privado de aquel abrigo por cubrir la desnudez de algún pobre.”

La biografía de la hermana Salvadora de los Santos sirvió de ejemplo de bondad y un modelo para las jóvenes que querían seguir a Cristo, mujeres que podían tener orígenes diversos, pero un objetivo común.

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